Una investigación pionera, que siguió a cientos de adultos durante 47 años en Suecia, ha revelado que el declive de la condición física y la fuerza comienza sorprendentemente temprano, alrededor de los 35 años. Este estudio longitudinal, uno de los más extensos de su tipo, subraya la importancia de la actividad física continua, incluso si se inicia en la adultez.
Los hallazgos, publicados en el Journal of Cachexia, Sarcopenia and Muscle, desafían la percepción común de que la disminución significativa de la capacidad física es un fenómeno exclusivo de la vejez avanzada. Contrario a muchos estudios transversales previos que comparaban diferentes grupos de edad, esta investigación del Karolinska Institutet siguió a los mismos individuos, proporcionando una visión sin precedentes sobre la evolución de la fuerza y la resistencia a lo largo de décadas.
Este análisis profundo, parte del estudio sueco de Actividad Física y Aptitud (SPAF), rastreó a hombres y mujeres de entre 16 y 63 años, midiendo repetidamente su rendimiento físico. La implicación es clara: comprender cuándo y cómo se produce el declive de la condición física puede informar estrategias de salud pública y personales para promover un envejecimiento más activo y saludable.
La edad crítica: ¿por qué los 35 años?
El estudio concluyó que tanto la aptitud como la fuerza muscular comienzan a disminuir tan pronto como a los 35 años, independientemente del nivel de entrenamiento previo de los participantes. A partir de esta edad, el declive de la condición física es gradual, aunque tiende a acelerarse con el paso de los años. Este patrón sugiere que factores biológicos intrínsecos al proceso de envejecimiento entran en juego de manera más pronunciada en esta etapa de la vida.
Maria Westerståhl, profesora del Departamento de Medicina de Laboratorio y autora principal del estudio, citado por ScienceDaily el 18 de enero de 2026, señala que la investigación busca ahora los mecanismos detrás de por qué todos alcanzan su máximo rendimiento a los 35 años. Este enfoque en la edad crítica de los 35 años abre nuevas vías para entender la fisiología del envejecimiento y cómo mitigar sus efectos.
El poder del ejercicio tardío
A pesar de la inevitable disminución, el estudio ofrece una perspectiva alentadora: nunca es tarde para empezar a moverse. Los participantes que se volvieron físicamente activos durante la adultez lograron aumentar su capacidad física entre un 5% y un 10%. Este hallazgo es crucial, ya que demuestra que el ejercicio puede ralentizar significativamente el ritmo del declive, incluso si no puede detenerlo por completo.
La actividad física regular no solo mejora la fuerza y la resistencia, sino que también contribuye a una mejor calidad de vida y autonomía en la vejez. Instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) constantemente enfatizan los beneficios del ejercicio para la prevención de enfermedades crónicas y el mantenimiento de la salud mental, lo que refuerza la idea de que la inversión en actividad física es siempre rentable.
Este estudio de 47 años proporciona una base sólida para entender el cronograma del declive de la condición física humana. Aunque la disminución puede comenzar antes de lo esperado, la ciencia es clara: la actividad física es un amortiguador potente contra los efectos del envejecimiento. A medida que la investigación avanza, con futuras evaluaciones a los 68 años de los participantes, se espera desentrañar aún más la conexión entre el estilo de vida, la salud general y los procesos biológicos subyacentes, ofreciendo nuevas herramientas para mantenernos fuertes y activos por más tiempo.











