Científicos de Johns Hopkins han revelado que la proteína cerebral GluD, antes considerada inactiva, es un interruptor clave en la comunicación del cerebro, abriendo nuevas vías para tratar trastornos psiquiátricos y del movimiento.
Esta revelación, publicada en la revista Nature, desafía la comprensión previa sobre estas enigmáticas proteínas y su potencial terapéutico. Durante años, la comunidad científica las percibió como elementos pasivos en el complejo entramado neuronal, lo que dificultó el desarrollo de terapias dirigidas.
La investigación, liderada por Edward Twomey, profesor asistente de biofísica en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, subraya la importancia de la GluD como un interruptor activo. Este cambio de paradigma podría transformar el enfoque de enfermedades como la esquizofrenia, la ansiedad y la ataxia cerebelosa.
GluD: Un objetivo farmacológico con gran potencial
Mediante el uso de microscopía crioelectrónica, el equipo de Twomey visualizó las GluD con un detalle sin precedentes, revelando un canal iónico central. Este canal es crucial para la interacción con neurotransmisores, las señales eléctricas que permiten la comunicación entre las células cerebrales y la formación de sinapsis.
Según Edward Twomey, “esta clase de proteína se pensaba que permanecía inactiva en el cerebro. Nuestros hallazgos indican que están muy activas y ofrecen un canal potencial para desarrollar nuevas terapias”. El estudio fue financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el Programa Searle Scholars y la Fundación Diana Helis Henry Medical Research.
Las implicaciones para la ataxia cerebelosa son significativas. En esta condición, las GluD se vuelven “superactivas” incluso sin señalización eléctrica. Un enfoque terapéutico buscaría bloquear esta actividad excesiva. En contraste, en la esquizofrenia, las GluD muestran una actividad reducida, sugiriendo que futuros fármacos podrían potenciar su función.
Esta dualidad en la disfunción de la proteína cerebral GluD resalta su versatilidad como blanco terapéutico. La capacidad de modular su actividad, ya sea aumentándola o disminuyéndola, ofrece una precisión sin precedentes en el tratamiento de condiciones complejas.
Más allá de los trastornos: GluD y el envejecimiento cerebral
La relevancia de las GluD se extiende al envejecimiento y la pérdida de memoria. Dado que estas proteínas regulan las sinapsis, los puntos de conexión esenciales para el aprendizaje y la memoria, los fármacos dirigidos a ellas podrían ayudar a mantener la función sináptica a lo largo del tiempo.
Edward Twomey enfatiza que “debido a que las GluD regulan directamente las sinapsis, podríamos desarrollar un fármaco dirigido para cualquier condición donde las sinapsis funcionen mal”. Esta perspectiva abre un horizonte prometedor para abordar el deterioro cognitivo asociado a la edad.
La investigación de Johns Hopkins, según ScienceDaily, también explora mutaciones específicas de GluD vinculadas a la esquizofrenia y la ansiedad. Comprender cómo estas mutaciones contribuyen a la progresión de las enfermedades es clave para diseñar tratamientos aún más precisos y personalizados.
El camino hacia nuevas terapias es largo, pero esta revelación fundamental sobre la proteína cerebral GluD representa un avance crucial. La colaboración con compañías farmacéuticas y la investigación continua son los próximos pasos para traducir estos descubrimientos en tratamientos que mejoren la calidad de vida de millones de personas.









