Astrónomos han descubierto cómo un chorro inestable de un agujero negro supermasivo está expulsando gas vital para la formación de estrellas en la galaxia cercana VV 340a. Este fenómeno, observado con una combinación de telescopios espaciales y terrestres, revela un proceso dinámico que reconfigura el futuro de las galaxias. Según ScienceDaily en enero de 2026, el chorro, aunque débil, se mueve como una peonza, interactuando de forma sorprendente con el gas circundante.

En el corazón de muchas galaxias activas se encuentran agujeros negros supermasivos que atraen materia. A medida que el gas y el polvo caen en espiral, liberan una energía colosal que, en ocasiones, produce chorros de plasma. Estos chorros tienen la capacidad de expulsar gas, un elemento crucial para el nacimiento de nuevas estrellas, afectando la evolución galáctica. Para entender mejor estos fenómenos, la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Austral (ESO) ofrece recursos detallados sobre agujeros negros y su impacto.

La observación de VV 340a proporciona una visión sin precedentes de este mecanismo. El estudio, liderado por Justin Kader, confirma que el chorro del agujero negro central está impulsando una salida de gas a gran escala. Esta expulsión es lo suficientemente potente como para influir significativamente en la capacidad futura de la galaxia para formar estrellas, un hallazgo que redefine nuestra comprensión de la interacción entre agujeros negros y sus entornos.

Un chorro que expulsa gas estelar

VV 340a alberga un agujero negro supermasivo en plena actividad, lo que la convierte en un laboratorio natural para estudiar la interacción galaxia-agujero negro. Utilizando datos del Telescopio Espacial James Webb, el telescopio Keck-II, el Karl G. Jansky Very Large Array y el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, el equipo rastreó el chorro y el gas expulsado. Estas observaciones multifrecuencia permitieron construir una imagen completa de cómo la energía del agujero negro se propaga por la galaxia.

Los datos muestran que el chorro ioniza y empuja el gas lejos del centro galáctico a medida que avanza. Los investigadores estiman que el gas se expulsa a una tasa de 19.4 ± 7.9 masas solares por año. Esta cantidad, equivalente a unas 19 estrellas como nuestro Sol anualmente, es suficiente para perturbar el suministro de material necesario para la formación de nuevas estrellas. El gas expulsado es altamente energético y ionizado, conocido como gas de línea coronal, que en VV 340a se extiende mucho más allá de lo habitual, revelando una interacción intensa.

La danza precesional del agujero negro tambaleante

La combinación de observaciones y modelos computacionales reveló que el chorro de VV 340a no es estático, sino que describe un movimiento cónico lento, similar a la precesión de una peonza. A escalas kiloparsec, los datos de radio muestran que el chorro forma un patrón helicoidal a medida que se propaga. Esta es la primera vez que se observa un chorro de radio precesional de estas dimensiones en una galaxia de disco, según la NASA.

Este movimiento inusual aumenta la superficie de contacto del chorro con el gas circundante, lo que lo hace mucho más eficiente en la expulsión de material. La energía del chorro calienta el gas a temperaturas extremas, ionizándolo y empujándolo hacia afuera. Este proceso de calentamiento y remoción es clave para comprender cómo los agujeros negros supermasivos pueden regular el crecimiento estelar y la evolución de sus galaxias anfitrionas, un área de intensa investigación en astrofísica.

El descubrimiento de este chorro de agujero negro tambaleante en VV 340a ofrece una pieza crucial en el rompecabezas de la evolución galáctica. Al despojar a la galaxia de su gas formador de estrellas, el agujero negro no solo modela su entorno inmediato, sino que también determina su destino. Futuras investigaciones se centrarán en la frecuencia de estos chorros precesionales y su impacto a largo plazo en la diversidad de galaxias que observamos en el universo.