Investigadores de la Universidad de Penn State han lanzado una seria advertencia sobre la seguridad en la computación cuántica, revelando fallas críticas en el hardware y software de las máquinas actuales. Lejos de ser invulnerables, el inmenso poder de estos ordenadores los convierte en objetivos atractivos y sorprendentemente frágiles para ciberataques sofisticados. Este estudio, publicado en enero de 2026, subraya una urgencia inesperada.

La computación cuántica promete revolucionar campos desde el descubrimiento de fármacos hasta la analítica de negocios, ofreciendo una capacidad de procesamiento exponencialmente superior a los sistemas tradicionales. Sin embargo, esta misma potencia introduce nuevos y complejos desafíos de ciberseguridad que las metodologías clásicas no pueden abordar.

La investigación, coautorizada por Swaroop Ghosh y Suryansh Upadhyay, de la Universidad de Penn State, enfatiza que la protección de estos sistemas va más allá de asegurar solo el software. Las vulnerabilidades pueden residir profundamente en el hardware físico, donde algoritmos valiosos y datos sensibles podrían quedar expuestos. Esto plantea una preocupación crítica para su adopción generalizada.

Las vulnerabilidades únicas de la computación cuántica

Los ordenadores cuánticos operan con qubits, que a diferencia de los bits tradicionales (0 o 1), pueden representar 0, 1 o ambos simultáneamente (superposición). Además, los qubits pueden entrelazarse, permitiendo procesar mucha más información con menos unidades. Esta interconexión es clave para su eficiencia, pero también genera un punto débil significativo.

Suryansh Upadhyay, coautor del estudio, señala que actualmente no existe una forma eficiente de verificar la integridad de programas y compiladores utilizados por los ordenadores cuánticos. Muchos de estos componentes son desarrollados por terceros, abriendo la puerta al robo de información, manipulación o ingeniería inversa de datos corporativos y personales sensibles. Esta falta de verificación a gran escala es una brecha crítica.

Además, algoritmos cuánticos integran propiedad intelectual directamente en sus circuitos, usados para problemas específicos con datos de clientes. Si estos circuitos se exponen, atacantes pueden extraer algoritmos empresariales, posiciones financieras o detalles de infraestructura crítica. Un ejemplo claro son las industrias farmacéuticas o financieras, donde la fuga de un algoritmo podría costar miles de millones.

La interconexión eficiente de los qubits también crea una vulnerabilidad inherente: el entrelazamiento no deseado, conocido como crosstalk. Cuando múltiples usuarios comparten el mismo procesador cuántico, este crosstalk puede filtrar información o interrumpir las funciones de cálculo, comprometiendo la confidencialidad y la fiabilidad del sistema. Este es un reto sin precedentes para la ciberseguridad cuántica.

El desafío de proteger el hardware cuántico

Proteger los sistemas cuánticos demanda un enfoque radicalmente distinto al de la seguridad clásica. Las propiedades fundamentales de la mecánica cuántica hacen que los métodos tradicionales sean ineficaces. Como Ghosh y Upadhyay detallan en su trabajo publicado en los Proceedings of the Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE), las empresas están en gran medida desprevenidas para abordar estas nuevas fallas.

La necesidad de asegurar el hardware físico es primordial. Los investigadores de Penn State advierten en ScienceDaily que las debilidades no solo residen en el software, sino también en las entrañas de la máquina, donde los algoritmos y los datos más sensibles son procesados. Desarrollar estrategias de defensa que consideren esta capa física es crucial para la viabilidad a largo plazo de la computación cuántica segura.

Las implicaciones para industrias críticas, como la banca, la defensa o la investigación científica, son enormes. La confidencialidad de datos, la integridad de transacciones y la seguridad nacional podrían verse comprometidas si no se desarrollan soluciones específicas. La comunidad global debe colaborar para establecer estándares de seguridad robustos que abarquen desde el diseño del chip hasta la gestión de software, una tarea que también es abordada por centros como el Institute for Quantum Computing de la Universidad de Waterloo.

La promesa de la computación cuántica es inmensa, pero su camino hacia la adopción generalizada está sembrado de desafíos de seguridad. Las advertencias de Penn State revelan que la invulnerabilidad es un mito, y que la carrera por la supremacía cuántica debe ir de la mano con una carrera igualmente intensa por la ciberseguridad.

Solo a través de una investigación continua y el desarrollo de arquitecturas seguras, tanto en hardware como en software, podrá la humanidad cosechar los beneficios de esta tecnología transformadora. La colaboración entre científicos, ingenieros y reguladores será esencial para construir un futuro donde la computación cuántica sea una herramienta poderosa y, sobre todo, segura.