Francia enfrenta por segundo año consecutivo un desafío constitucional al no lograr aprobar su presupuesto antes de diciembre. Los esfuerzos del primer ministro Sébastien Lecornu buscan un compromiso en el parlamento, pero la situación subraya una crisis más profunda en la gestión del gasto público y la sostenibilidad fiscal del país.

Este impasse no es meramente un tecnicismo legislativo; refleja tensiones persistentes sobre cómo el gobierno de Emmanuel Macron debe equilibrar las demandas sociales con la necesidad de disciplina fiscal. La incapacidad de alcanzar un acuerdo a tiempo genera incertidumbre económica y pone en tela de juicio la capacidad de París para cumplir con sus compromisos europeos de reducción de déficit.

En este contexto, un reciente experimento ciudadano ha arrojado luz sobre una posible vía de escape. Al involucrar a 150 ciudadanos, se demostró que, con condiciones claras y compensaciones fiscales transparentes, los votantes están dispuestos a apoyar decisiones difíciles. Lo que ha faltado, según los analistas, no es el consentimiento, sino un método eficaz para alcanzarlo.

La crisis del presupuesto francés y sus implicaciones

La recurrente dificultad de Francia para aprobar su presupuesto francés en el plazo constitucional ha encendido las alarmas tanto a nivel nacional como en Bruselas. Esta situación, que se repite por segunda vez, no solo obstaculiza la implementación de políticas clave, sino que también genera preocupación sobre la estabilidad económica del país.

Los esfuerzos del gobierno, liderados por el primer ministro Sébastien Lecornu, para forjar un compromiso entre las facciones políticas han sido extenuantes. Sin embargo, como señalan Eric Hazan y Jean Pisani-Ferry en un comentario para Project Syndicate, la verdadera ausencia no es de consentimiento, sino de un método eficaz para alcanzarlo.

El incumplimiento de los plazos presupuestarios afecta la gobernabilidad interna y genera presión de la Unión Europea. La Comisión Europea monitorea los déficits fiscales, y Francia ya enfrenta escrutinio por su deuda pública. Un presupuesto tardío puede minar la confianza de los inversores y elevar los costos de endeudamiento, según análisis económicos recientes.

Transparencia y participación: la vía ciudadana

El experimento con 150 ciudadanos franceses, detallado en la publicación de Project Syndicate, ofrece un modelo prometedor para desentrañar el nudo del presupuesto francés. Cuando se les presentaron escenarios claros sobre la sostenibilidad fiscal y las difíciles compensaciones necesarias (por ejemplo, reducir servicios o aumentar impuestos), los participantes mostraron una sorprendente disposición a apoyar medidas impopulares.

Este enfoque contrasta con las negociaciones a puerta cerrada, dominadas por intereses partidistas. Al empoderar a los ciudadanos con información completa sobre las implicaciones reales de las decisiones fiscales, se construye una base de apoyo más sólida para las reformas. Expertos de la OCDE sugieren que la participación pública mejora la legitimidad y eficacia de estas políticas.

La lección para Francia y otras democracias es clara: la falta de consenso sobre el presupuesto francés no siempre es un problema de voluntad popular, sino de metodología. Integrar paneles ciudadanos o asambleas deliberativas en el diseño presupuestario podría ser una herramienta poderosa para superar la parálisis política y fomentar una mayor responsabilidad fiscal compartida.

El camino para escapar del laberinto presupuestario francés pasa por una mayor apertura y confianza en la capacidad de los ciudadanos para tomar decisiones informadas. La experiencia demuestra que la transparencia y la deliberación pueden desbloquear consensos donde los métodos tradicionales han fallado. Francia tiene la oportunidad de liderar un nuevo modelo de gobernanza fiscal, sentando las bases para una sostenibilidad a largo plazo con respaldo popular.