Tras once años de meticulosa investigación, científicos de la Universidad McMaster han desvelado una nueva debilidad en hongos mortales, un avance que podría transformar la lucha contra las infecciones fúngicas resistentes. Este descubrimiento se centra en una molécula olvidada que, en lugar de matar el patógeno directamente, lo debilita, permitiendo que fármacos antifúngicos existentes recuperen su eficacia.
Las infecciones fúngicas representan una amenaza global creciente, cobrando millones de vidas anualmente, mientras que las opciones de tratamiento se estancan y la resistencia a los medicamentos se propaga. Patógenos como Cryptococcus neoformans, Candida auris y Aspergillus fumigatus, clasificados como de alta prioridad por la Organización Mundial de la Salud (OMS), son particularmente peligrosos para personas con sistemas inmunitarios comprometidos, incluidos pacientes con cáncer y VIH.
La escasez de fármacos eficaces ha llevado a la comunidad científica a buscar enfoques innovadores. Los tratamientos actuales son limitados a tres clases principales, siendo la anfotericina la más potente, pero con efectos secundarios severos, apodada «anfoterrible» por su toxicidad. Las otras clases, azoles y equinocandinas, han perdido terreno frente a la resistencia generalizada, especialmente contra Cryptococcus.
Una molécula olvidada revive la esperanza
Ante este panorama desafiante, la investigación se ha volcado hacia las moléculas adyuvantes, compuestos que no eliminan patógenos por sí mismos, sino que los hacen vulnerables a los medicamentos existentes. El equipo del profesor Gerry Wright en McMaster University, en su búsqueda de un adyuvante efectivo contra Cryptococcus, examinó miles de compuestos de su vasta biblioteca química, según se detalla en un informe de ScienceDaily.
Identificaron un candidato prometedor: la butirolactol A. Esta molécula, producida por ciertas bacterias Streptomyces, había sido descubierta en los años 90 pero permaneció en gran medida ignorada. Cuando se combinó con fármacos equinocandinas, la butirolactol A permitió que estos medicamentos, antes ineficaces, destruyeran los hongos que no podían eliminar por sí solos. Inicialmente, el equipo casi descartó el hallazgo, creyendo que era otro compuesto tóxico sin valor.
La persistencia de la investigadora postdoctoral Xuefei Chen fue crucial. «Al principio, la actividad de esta molécula parecía bastante buena», comentó Chen, quien trabaja en el laboratorio de Wright. «Sentí que si había una pequeña posibilidad de que pudiera revivir toda una clase de medicamentos antifúngicos, teníamos que explorarla.» Años de investigación detallada revelaron el mecanismo de acción de la butirolactol A, un proceso que Wright describió como una «minuciosa labor detectivesca».
Cómo la butirolactol A desarma a los patógenos
El mecanismo de acción de la butirolactol A es ingenioso y fundamental para entender esta nueva debilidad en hongos mortales. Chen descubrió que la molécula bloquea un complejo proteico vital para la supervivencia de Cryptococcus. Este complejo es esencial para el hongo, y su interrupción tiene un efecto devastador. «Cuando se atasca, se desata el infierno», explicó Wright, ilustrando la magnitud del impacto en el patógeno.
Al sabotear este sistema crítico, la butirolactol A deja al hongo completamente expuesto y vulnerable. No lo mata directamente, sino que lo incapacita de tal manera que los fármacos equinocandinas, que antes eran ineficaces debido a la resistencia, ahora pueden actuar con todo su potencial. Esta estrategia representa un cambio de paradigma, moviéndose de la eliminación directa a la sensibilización del patógeno.
Este descubrimiento, fruto de más de una década de trabajo, no solo ofrece una vía prometedora para combatir infecciones fúngicas resistentes, sino que también subraya el valor de reexaminar compuestos olvidados. La capacidad de la butirolactol A para reactivar una clase entera de medicamentos podría salvar innumerables vidas y cambiar la trayectoria de una crisis de salud global. Los próximos pasos incluirán ensayos clínicos para validar la eficacia y seguridad de esta combinación en humanos, un hito crucial en la medicina antifúngica.












