Una investigación reciente ha desvelado que la frecuencia con la que visitamos el baño podría estar influenciada por una vitamina común: la B1. Científicos de CIC bioGUNE y otras instituciones identificaron, a través de un estudio genético masivo, regiones del ADN vinculadas a los hábitos intestinales, señalando a la vitamina B1 y frecuencia intestinal como un factor sorprendente.
Los hábitos intestinales, aunque a menudo ignorados, son un indicador crucial de la eficiencia del sistema digestivo. Las interrupciones en este proceso pueden derivar en condiciones como el estreñimiento, la diarrea o el síndrome de intestino irritable (SII), que, según la National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIDDK), afecta a un 10-15% de la población mundial. A pesar de su prevalencia, los mecanismos biológicos que regulan estos movimientos aún no se comprenden del todo.
Publicado el 20 de enero de 2026 en la revista Gut, este nuevo estudio ofrece evidencia genética fresca sobre la motilidad intestinal. Se realizó un análisis a gran escala de datos genéticos de 268.606 individuos de ascendencia europea y asiática oriental, buscando diferencias en el ADN ligadas a la frecuencia de las deposiciones, según lo reportado por ScienceDaily.com.
La salud intestinal influye directamente en el bienestar general, afectando desde la absorción de nutrientes hasta el estado de ánimo. Comprender los factores genéticos y nutricionales que regulan la motilidad no solo es fundamental para abordar trastornos específicos, sino también para promover una mejor calidad de vida a través de una digestión óptima y equilibrada.
Hallazgos genéticos y vías intestinales conocidas
El análisis genético descubrió 21 regiones del genoma humano que influyen en la frecuencia de las deposiciones, de las cuales 10 eran desconocidas hasta ahora. Muchas de estas señales genéticas apuntaban a sistemas biológicos ya reconocidos por regular el movimiento intestinal. Esto incluye la regulación de los ácidos biliares, esenciales para la digestión de grasas, y la señalización nerviosa implicada en las contracciones musculares intestinales, como la relacionada con la acetilcolina. La identificación de estas nuevas regiones genéticas subraya la complejidad de la motilidad intestinal y abre caminos para futuras investigaciones específicas.
Estos resultados confirman conocimientos previos sobre el funcionamiento del intestino y sientan una base sólida para las nuevas revelaciones. La investigación, liderada por Mauro D’Amato, profesor de Genética Médica en la LUM University e Ikerbasque Research Professor en CIC bioGUNE, utilizó métodos computacionales avanzados para identificar los genes y procesos biológicos más conectados con el movimiento intestinal.
El rol inesperado de la vitamina B1 en la motilidad
La sorpresa más significativa del estudio surgió al enfocarse en dos genes clave relacionados con la biología de la vitamina B1: SLC35F3 y XPR1. Estos genes son fundamentales en el transporte y la activación de la tiamina en el organismo. Para validar este hallazgo genético en la vida real, el equipo examinó datos dietéticos del Biobanco del Reino Unido.
Entre 98.449 participantes, se observó que una mayor ingesta de tiamina dietética se asociaba con deposiciones más frecuentes. Esta relación, sin embargo, no era uniforme, sino que dependía de variaciones genéticas en los genes SLC35F3 y XPR1. Esto sugiere que las diferencias heredadas en cómo el cuerpo procesa la tiamina pueden moldear cómo la ingesta de vitamina B1 y frecuencia intestinal se interrelacionan en la población general. Este descubrimiento podría sentar las bases para enfoques dietéticos personalizados en el futuro.
El Dr. Cristian Diaz-Muñoz, primer autor del estudio, destacó que la genética permitió construir un mapa de las vías biológicas que marcan el ritmo del intestino, con la metabolización de la vitamina B1 sobresaliendo junto a mecanismos ya establecidos. Estos hallazgos abren una vía prometedora para entender mejor el síndrome de intestino irritable (SII), una condición que afecta a millones de personas.
El profesor Mauro D’Amato subraya que los problemas de motilidad intestinal son centrales en el SII y otros trastornos comunes, pero su biología subyacente es difícil de precisar. La identificación de vías específicas, especialmente la de la vitamina B1, es crucial. Estos resultados genéticos ofrecen pistas concretas para futuras investigaciones, incluyendo experimentos de laboratorio y estudios clínicos diseñados cuidadosamente para explorar su potencial terapéutico y desarrollar intervenciones más dirigidas.









