Nuevas investigaciones sugieren que la luna Europa de Júpiter podría estar alimentando un vasto océano de Europa subterráneo con materiales esenciales para la vida. Científicos de la Universidad Estatal de Washington descubrieron que el hielo superficial salado y rico en nutrientes puede volverse lo suficientemente denso como para hundirse, transportando ingredientes vitales a las profundidades. Este proceso rápido y repetible ofrece una nueva explicación sobre cómo Europa podría sustentar vida, un hallazgo crucial para la astrobiología.

Desde hace años, Europa es considerada uno de los lugares más prometedores del sistema solar para buscar vida extraterrestre. Sin embargo, el mecanismo por el cual los nutrientes podrían atravesar su gruesa capa de hielo para llegar al océano subsuperficial había sido un enigma. Este estudio, que se publicó en The Planetary Science Journal, resuelve una pieza fundamental de ese rompecabezas, brindando esperanza renovada a la búsqueda de vida más allá de la Tierra.

La investigación, inspirada en procesos geológicos terrestres, propone un modelo de reciclaje de hielo que podría ser común en lunas heladas. Según la información de ScienceDaily, el proceso no solo es eficiente, sino que también funciona bajo diversas condiciones, lo que lo convierte en un método robusto para la entrega constante de nutrientes. Esto tiene implicaciones directas para la misión Europa Clipper de la NASA, lanzada en 2024, que busca estudiar la habitabilidad de esta fascinante luna.

El enigma de la habitabilidad en el océano de Europa

El océano de Europa contiene más agua líquida que todos los océanos de la Tierra combinados, pero se encuentra sellado bajo una capa de hielo tan espesa que impide el paso de la luz solar. Sin luz, cualquier forma de vida en este océano necesitaría fuentes alternativas de energía y nutrientes, lo que ha generado preguntas persistentes sobre si el ambiente podría realmente soportar organismos vivos.

La luna también está expuesta a la intensa radiación de Júpiter, la cual reacciona con sales y otros materiales en la superficie, produciendo compuestos que podrían servir como nutrientes para microbios. No obstante, la forma en que estos nutrientes superficiales podrían moverse hacia el océano a través del hielo había sido un desafío. La mayor parte de la actividad geológica de Europa, impulsada por las fuerzas gravitacionales de Júpiter, ocurre lateralmente, limitando el intercambio directo entre la superficie y el océano de Europa.

Delaminación cortical: una clave terrestre para Europa

Para abordar este problema, Austin Green, autor principal y actual investigador postdoctoral en Virginia Tech, junto con Catherine Cooper, profesora asociada de geofísica en la Universidad Estatal de Washington, se inspiraron en un proceso terrestre: la delaminación cortical. En la Tierra, secciones de la corteza se vuelven densas y se separan, hundiéndose en el manto.

Los investigadores propusieron un proceso similar para Europa. Ciertas áreas de la capa de hielo de la luna, ricas en sal, tienen una densidad mayor. Investigaciones previas también han demostrado que las impurezas debilitan la estructura de los cristales de hielo. Sus modelos informáticos sugieren que este hielo pesado y debilitado podría desprenderse y descender lentamente a través de la capa de hielo hasta alcanzar el océano.

Las simulaciones mostraron que este hundimiento podría ocurrir con una amplia gama de niveles de salinidad, siempre que el hielo superficial experimente un debilitamiento moderado. Este proceso podría suceder relativamente rápido en escalas de tiempo geológicas y repetirse durante largos períodos, proporcionando una forma constante y fiable de transportar nutrientes al océano de Europa, mejorando significativamente las posibilidades de que la vida pueda prosperar allí. Estos hallazgos son especialmente relevantes para la misión Europa Clipper de la NASA, diseñada para investigar la habitabilidad de esta intrigante luna.

Este descubrimiento no solo arroja luz sobre la química interna de Europa, sino que también redefine nuestra comprensión del potencial de vida en mundos oceánicos más allá de la Tierra. La posibilidad de un ciclo de nutrientes activo en el océano de Europa nos acerca a responder una de las preguntas más fundamentales de la ciencia: ¿estamos solos en el universo?