Nuevas evidencias revelan que hace más de 10.000 años, pueblos indígenas transportaron deliberadamente una patata silvestre por el Suroeste americano, moldeando su distribución y cultura. Este pequeño y resistente tubérculo, conocido como la patata de las Cuatro Esquinas (Solanum jamesii), fue crucial para estas comunidades antiguas.

La investigación, publicada en la revista PLOS One y destacada por ScienceDaily, sugiere un papel activo de los humanos en la expansión de esta planta. Este movimiento no solo extendió su rango natural, sino que también inició las etapas más tempranas de su domesticación, mucho antes de la agricultura organizada.

Esta interacción profunda entre los pueblos antiguos y la patata silvestre en el Suroeste americano subraya cómo las sociedades preagrícolas ya impactaban significativamente sus ecosistemas. El estudio ofrece una perspectiva valiosa sobre la resiliencia y el ingenio de estas comunidades, y cómo sus prácticas sentaron las bases para tradiciones culturales duraderas.

Evidencia arqueológica y el viaje de la patata

Para desentrañar la historia de la patata de las Cuatro Esquinas, los investigadores analizaron herramientas de piedra de 14 sitios arqueológicos. Estas herramientas, con edades que varían de cientos a miles de años, fueron examinadas en busca de gránulos de almidón microscópicos, restos del procesamiento de plantas para alimento.

Los hallazgos fueron concluyentes: se identificó almidón de Solanum jamesii en herramientas de nueve de estos sitios, con algunas evidencias que datan de hace 10.900 años. La mayoría de estas ubicaciones se encuentran en el borde norte moderno del rango de la patata, en la región de las Cuatro Esquinas, abarcando Colorado, Utah, Arizona y Nuevo México.

Investigaciones genéticas previas complementan estos datos arqueológicos. Algunas poblaciones vivas de la patata de las Cuatro Esquinas en esta zona norte muestran fuertes indicios genéticos de que se originaron mucho más al sur. Esto refuerza la hipótesis de que los humanos transportaron activamente la planta, extendiendo su distribución hacia el norte.

Lisbeth Louderback, de la Universidad de Utah y líder del estudio, resalta la importancia de combinar datos arqueobotánicos con genética. Su equipo demostró un «rango antropogénico» distinto de la distribución natural de la especie. Esta distinción revela una identidad cultural única.

Raíces culturales y el inicio de la domesticación

El uso repetido de una planta y su transporte más allá de su rango natural son indicadores clave de las primeras etapas de domesticación. En el caso de la patata de las Cuatro Esquinas, estos comportamientos comenzaron hace milenios, mucho antes de lo que se podría esperar para la domesticación de cultivos.

La relevancia de esta patata trasciende el pasado; mantiene una importancia cultural significativa para las comunidades indígenas actuales. El equipo de investigación entrevistó a 15 ancianos navajos (Diné), quienes confirmaron que la patata silvestre sigue siendo conocida, consumida y utilizada con fines espirituales.

Cynthia Wilson, coautora del estudio, enfatiza la movilidad de las prácticas alimentarias indígenas, impulsadas por lazos de parentesco. «Los poseedores de conocimientos indígenas, especialmente las mujeres matrilineales, conservaron estas semillas y relatos a través de generaciones», explicó, manteniendo así los vínculos con la tierra y las tradiciones alimentarias ancestrales.

Esta investigación, apoyada por la National Science Foundation, no solo redefine nuestra comprensión de la domesticación de plantas. También destaca cómo la herencia cultural se entrelaza con el medio ambiente, una conexión que perdura hasta hoy en el vibrante patrimonio de los pueblos del Suroeste americano.