Científicos de las universidades de Pensilvania y Michigan han desarrollado microrobots autónomos, más diminutos que un grano de sal, capaces de pensar y nadar de forma independiente, marcando un hito en la robótica a escala microscópica. Estos dispositivos, impulsados por luz y equipados con microcomputadoras, pueden detectar su entorno y tomar decisiones, operando durante meses a un costo de apenas un centavo por unidad. La innovación abre nuevas fronteras en campos como la medicina y la manufactura avanzada.
Este avance, reportado por ScienceDaily.com el 6 de enero de 2026, representa un salto significativo en la capacidad de crear máquinas inteligentes a una escala previamente inalcanzable. A diferencia de sus predecesores, estos robots no requieren cables, campos magnéticos o controles externos, lo que les otorga una verdadera autonomía. Su tamaño, de aproximadamente 200 por 300 por 50 micrómetros, los sitúa en la misma escala que muchos microorganismos vivos.
La creación de robots microscópicos que pueden funcionar de manera autónoma ha sido un desafío persistente para la ingeniería durante décadas. La física a estas dimensiones cambia drásticamente, donde fuerzas superficiales como la resistencia y la viscosidad dominan sobre la gravedad y la inercia, que rigen el movimiento en el mundo macroscópico.
Desafiando la física a escala microscópica
Construir robots que operen de forma independiente por debajo del milímetro ha sido extremadamente difícil, un problema que, según Marc Miskin, profesor asistente de Ingeniería Eléctrica y de Sistemas en Penn Engineering y autor principal de los estudios, “ha estado estancado durante 40 años”. Las soluciones convencionales, como pequeños brazos o piernas, son frágiles y complejas de fabricar a esta escala. Miskin señala que “si eres lo suficientemente pequeño, empujar el agua es como empujar a través de alquitrán”.
Para superar estas limitaciones, los investigadores de Pensilvania y Michigan desarrollaron un método de propulsión completamente nuevo que se alinea con la física del micromundo. En lugar de partes móviles, los robots generan un campo eléctrico que empuja suavemente las partículas cargadas en el líquido circundante. A medida que estos iones se mueven, arrastran consigo las moléculas de agua cercanas, creando así el movimiento. Miskin describe este proceso como si “el robot estuviera en un río en movimiento, pero el robot también está haciendo que el río se mueva”.
Esta técnica innovadora permite a los microrobots cambiar de dirección, seguir trayectorias programadas y, lo que es notable, coordinar su movimiento en grupos, imitando el comportamiento de los bancos de peces. Con velocidades de hasta una longitud corporal por segundo, y alimentados por luz LED, estos dispositivos demuestran una durabilidad excepcional al operar durante meses sin sufrir daños, incluso tras ser transferidos repetidamente con micropipetas. Los hallazgos clave fueron publicados en Science Robotics y Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
El potencial de la inteligencia en miniatura
La capacidad de estos microrobots autónomos para sentir su entorno, tomar decisiones y alimentarse por sí mismos abre un abanico de aplicaciones revolucionarias. Su habilidad para operar a la misma escala que las células biológicas los convierte en candidatos ideales para tareas de monitoreo celular dentro del cuerpo humano, ofreciendo nuevas vías para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. La Universidad de Pensilvania destaca su potencial.
Más allá de la medicina, estos diminutos pensadores podrían transformar la manufactura avanzada. Podrían ser empleados en el ensamblaje de dispositivos microscópicos con una precisión sin precedentes, o en la inspección de componentes a nanoescala, mejorando la eficiencia y reduciendo los costos en industrias de alta tecnología. La promesa de la inteligencia artificial encapsulada en una escala tan minúscula reconfigura lo que creíamos posible en robótica y automatización.
El desarrollo de estos microrobots representa más que una curiosidad científica; es una plataforma para el futuro de la ingeniería y la medicina. Su independencia y capacidad de adaptación prometen desbloquear soluciones para problemas complejos, desde la exploración de entornos biológicos internos hasta la creación de materiales y dispositivos con funcionalidades completamente nuevas, marcando el inicio de una era de máquinas verdaderamente inteligentes y omnipresentes.












