Una reciente investigación de la Universidad de Newcastle revela que tan solo diez minutos de ejercicio intenso pueden desencadenar una potente respuesta molecular en el cuerpo, activando mecanismos de reparación del ADN y frenando el crecimiento de células cancerosas. Este hallazgo, publicado en el International Journal of Cancer, subraya el profundo impacto del ejercicio en la prevención del cáncer y abre nuevas perspectivas terapéuticas.

El estudio, que incluyó a 30 voluntarios con sobrepeso u obesidad, demostró cómo una breve sesión de actividad física vigorosa altera rápidamente la composición molecular del torrente sanguíneo. Estos cambios no solo mejoran la aptitud física, sino que también actúan directamente sobre las células cancerosas, ofreciendo una capa de protección sorprendente contra enfermedades como el cáncer de intestino, el cuarto más común en el Reino Unido según la Cancer Research UK.

Cómo el ejercicio transforma la sangre a nivel celular

Los investigadores de Newcastle University descubrieron que el ejercicio eleva los niveles de pequeñas moléculas en la sangre, muchas de las cuales son conocidas por reducir la inflamación y mejorar el metabolismo. Al exponer células de cáncer de intestino a esta sangre post-ejercicio en laboratorio, se observaron cambios genéticos generalizados, afectando a más de 1.300 genes vinculados a la reparación del ADN y la producción de energía.

El Dr. Sam Orange, autor principal del estudio y profesor de Fisiología Clínica del Ejercicio en la Universidad de Newcastle, destacó la capacidad del ejercicio para enviar señales poderosas que influyen directamente en miles de genes de las células cancerosas. Se observó un aumento en la actividad de genes que apoyan el metabolismo energético mitocondrial y una reducción en los relacionados con la división celular rápida, haciendo las células cancerosas menos agresivas, según ScienceDaily.

Nuevas vías en la prevención y tratamiento del cáncer

Los resultados sugieren que el ejercicio crea un entorno menos propicio para el crecimiento de las células cancerosas. La sangre recolectada tras el ejercicio también potenció la reparación del ADN, activando un gen clave conocido como PNKP. Este hallazgo es crucial, ya que la actividad física regular ya se asocia con una reducción de aproximadamente el 20% en el riesgo de cáncer de intestino, según las estimaciones de los investigadores.

El impacto de incluso un solo entrenamiento es significativo, enviando señales poderosas al cuerpo. Esto refuerza la idea de que cada paso y cada sesión de actividad física, ya sea caminar al trabajo o jardinería, contribuyen activamente a la protección de la salud. Estas revelaciones abren la puerta a futuras terapias que podrían imitar o potenciar los efectos biológicos del movimiento, como señala la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En resumen, la ciencia valida una vez más la importancia de la actividad física, incluso en dosis mínimas. La comprensión de cómo diez minutos de ejercicio pueden reconfigurar la biología celular para combatir el cáncer ofrece esperanza y un camino claro para futuras investigaciones en tratamientos y estrategias de prevención. El futuro podría ver el ejercicio, o sus imitadores moleculares, como un pilar fundamental en la lucha contra esta enfermedad.