Científicos de Keck Medicine de la USC han iniciado un ensayo clínico de fase 2b para probar un diminuto implante ocular que busca restaurar la vista en pacientes con degeneración macular seca avanzada, una de las principales causas de pérdida de visión en adultos mayores. Este innovador parche de células madre, detallado por ScienceDaily el 9 de enero de 2026, reemplaza las células retinianas dañadas, ofreciendo una esperanza renovada a quienes enfrentan esta condición debilitante.

La degeneración macular relacionada con la edad (DMRE) es una afección progresiva que deteriora la visión central, haciendo que actividades cotidianas como leer, conducir o reconocer rostros se vuelvan extremadamente difíciles. Esta enfermedad afecta a más de 20 millones de estadounidenses y representa la causa más común de pérdida de visión y ceguera entre los mayores de 65 años, según las estadísticas más recientes.

Actualmente, las opciones de tratamiento para la forma seca avanzada de la DMRE, que es la variante más prevalente y no tiene cura, son muy limitadas. Esto deja a millones de personas sin alternativas efectivas para frenar o, crucialmente, revertir la pérdida visual ya ocurrida, lo que subraya la urgencia y la importancia de este nuevo enfoque de investigación.

El innovador implante, más delgado que un cabello humano, está diseñado para integrar células madre bioingenierizadas directamente en la retina. Su propósito fundamental es reemplazar las células del epitelio pigmentario de la retina (EPR) que se dañan o dejan de funcionar adecuadamente a medida que la enfermedad progresa.

Estas células EPR desempeñan un papel crítico en el mantenimiento de la salud retiniana y son esenciales para la capacidad del ojo de percibir una visión nítida y detallada. Su pérdida o disfunción conduce directamente al declive visual severo que experimentan los pacientes con DMRE avanzada, afectando profundamente su calidad de vida.

Prometedores resultados iniciales

Los resultados de una investigación previa, conducida por especialistas del USC Roski Eye Institute, sentaron las bases sólidas para este nuevo ensayo clínico. Aquel estudio inicial, aunque realizado con un grupo reducido de pacientes, demostró de manera concluyente que el implante era seguro, se mantenía firmemente en su lugar dentro del ojo y se absorbía exitosamente en el tejido retiniano sin complicaciones significativas.

Un dato particularmente alentador que surgió de esa fase inicial fue que el 27% de los participantes experimentaron algún nivel de mejora en su agudeza visual. Este porcentaje, aunque podría parecer modesto, es extraordinariamente significativo dado que no existían tratamientos previos capaces de ofrecer tal beneficio a pacientes con la forma seca avanzada de la enfermedad, que tradicionalmente se considera irreversible.

La Dra. Sun Young Lee, cirujana retiniana de Keck Medicine y principal investigadora del estudio en el sitio de Keck Medicine, enfatizó la importancia de estos hallazgos preliminares. Afirmó que «la fase anterior del ensayo clínico demostró que el tratamiento era seguro con el potencial de beneficiar la visión de los pacientes; esta próxima fase investigará si la terapia puede lograr mejoras clínicamente significativas y duraderas en la visión».

Este avance es crucial, ya que, si bien existen algunos tratamientos disponibles que pueden retrasar la progresión de la degeneración macular húmeda, ninguno ha logrado hasta la fecha revertir el daño ya causado por la forma seca. Para obtener más información detallada sobre la degeneración macular, sus tipos y las opciones de tratamiento actuales, se recomienda consultar el Instituto Nacional del Ojo (NEI), una fuente autorizada en salud ocular.

Cómo funciona el implante y quién califica

El implante en cuestión se crea a partir de células madre embrionarias que son cultivadas en un entorno de laboratorio altamente controlado y desarrolladas de manera precisa hasta convertirse en células del epitelio pigmentario de la retina (EPR) funcionales y listas para su integración. Este proceso meticuloso es clave para asegurar la viabilidad y el éxito del implante.

Durante un procedimiento quirúrgico ambulatorio, cirujanos oculares especializados de Keck Medicine insertarán una capa delgada de estas células cultivadas directamente en la mácula, la pequeña área central de la retina que es absolutamente esencial para la visión detallada y la percepción de colores. La expectativa es que estas células bioingenierizadas asuman la función vital de las células EPR dañadas o disfuncionales del paciente.

El Dr. Rodrigo Antonio Brant Fernandes, oftalmólogo de Keck Medicine y cirujano principal del estudio, articuló la hipótesis central de esta fase del ensayo. Indicó que «el estudio explorará si el implante diseñado en laboratorio reemplazará las células dañadas, funcionará como lo harían las células EPR normales y, crucialmente, mejorará la visión para pacientes que actualmente no tienen otras opciones efectivas para la mejora visual».

Para calificar en este riguroso ensayo clínico de fase 2b, los pacientes deben cumplir con criterios específicos y bien definidos: tener entre 55 y 90 años de edad y presentar degeneración macular seca avanzada junto con atrofia geográfica. Esta última es una condición grave donde las células EPR están significativamente dañadas o ya no funcionan correctamente, creando puntos ciegos irreversibles en el campo visual central.

El estudio está diseñado como un ensayo ciego y controlado con placebo, lo que significa que algunos participantes recibirán el implante real, mientras que otros se someterán a un procedimiento simulado. Esta metodología robusta permite una evaluación imparcial y objetiva de los resultados, minimizando sesgos. Keck Medicine es uno de los cinco centros en Estados Unidos que participan en este esfuerzo colaborativo de investigación a nivel nacional.

Los participantes serán seguidos de cerca durante al menos un año, un periodo crucial para que los investigadores evalúen la seguridad a largo plazo del implante, su estabilidad dentro del ojo y, lo más importante, su capacidad para ofrecer mejoras significativas y duraderas en la agudeza visual de los pacientes. Para una comprensión más profunda de la biología de las células EPR y su función esencial en la visión, se puede consultar la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. (NIH), que ofrece recursos científicos detallados.

Este ensayo clínico representa un hito esperanzador en la investigación oftalmológica, con el potencial de ir más allá de la simple detención de la progresión de la degeneración macular seca. La ambición de revertir el daño y restaurar la visión central, una meta hasta ahora inalcanzable, podría transformar radicalmente la vida de millones de personas afectadas, devolviéndoles una independencia visual significativa.

La comunidad científica y, sobre todo, los pacientes que conviven diariamente con la pérdida de visión, esperan con gran optimismo los hallazgos de esta investigación. Si los resultados confirman la eficacia y seguridad del implante, podríamos estar al borde de una nueva era en el tratamiento de la ceguera relacionada con la edad, marcando un antes y un después en la lucha contra esta devastadora enfermedad ocular.

El camino hacia la aprobación regulatoria y la disponibilidad general de este tratamiento es largo y requerirá más estudios y validaciones. Sin embargo, la promesa de restaurar la vista, una de las funciones sensoriales más valoradas, nunca ha estado tan cerca de convertirse en una realidad tangible para aquellos que han perdido la esperanza en tratamientos convencionales.