Científicos han desenterrado secretos sobre el origen de nuestro planeta y su satélite natural. Rocas antiguas de 3.700 millones de años, halladas en Australia, ofrecen nuevas pistas sobre cómo la Tierra y la Luna nacieron tras un impacto cósmico masivo.

Esta investigación, publicada inicialmente en ScienceDaily el 10 de enero de 2026, desafía las suposiciones previas sobre la formación temprana de la Tierra, sugiriendo que el crecimiento continental significativo se retrasó cientos de millones de años.

El descubrimiento enlaza directamente con muestras lunares de las históricas misiones Apolo de la NASA, fortaleciendo la teoría del gran impacto. Los hallazgos provienen de cristales de feldespato ocultos en las rocas volcánicas más antiguas de Australia, localizadas en la región de Murchison.

Estos minerales actúan como cápsulas del tiempo, preservando señales químicas de hace miles de millones de años, vitales para reconstruir la historia geológica de nuestro mundo y comprender sus primeros momentos.

Cristales milenarios y la formación continental

El equipo de investigación, liderado por la estudiante de doctorado Matilda Boyce de la Universidad de Western Australia, se centró en anortositas formadas hace aproximadamente 3.700 millones de años. Estas rocas no solo son las más antiguas conocidas en el continente australiano, sino también algunas de las más ancestrales descubiertas en la Tierra.

Mediante técnicas de alta precisión, los científicos examinaron porciones intactas de cristales de feldespato plagioclasa. Estas áreas conservan la «huella dactilar» isotópica del manto terrestre primitivo, ofreciendo una rara visión de las condiciones del planeta en sus inicios.

La evidencia química sugiere que los continentes de la Tierra no se formaron de inmediato. El crecimiento significativo parece haber comenzado hace unos 3.500 millones de años, mil millones de años después de la formación del planeta. Este cronograma desafía suposiciones sobre la rapidez del desarrollo continental.

Proporciona un nuevo contexto para la evolución temprana del planeta, según un informe de la Universidad de Western Australia. Esto recalibra nuestra comprensión sobre la génesis de las masas terrestres que hoy conocemos.

El gran impacto cósmico y el origen de la Luna

Los investigadores también compararon sus resultados con datos de anortositas lunares traídas a la Tierra durante las misiones Apolo. Las anortositas, raras en la Tierra, son muy comunes en la Luna, explicó Matilda Boyce. Esta comparación reveló una asombrosa coincidencia en la composición inicial de ambos cuerpos celestes hace unos 4.500 millones de años.

«Nuestra comparación fue consistente con que la Tierra y la Luna tuvieran la misma composición inicial de hace unos 4.500 millones de años», afirmó Boyce. Este hallazgo crucial apoya firmemente la teoría de que un planeta, conocido como Theia, colisionó con la proto-Tierra, y el impacto de alta energía resultante dio origen a la Luna.

La investigación, publicada en la revista Nature Communications, fue respaldada por fondos del Australian Research Council. Comprender estos eventos primordiales es fundamental para desentrañar la historia de nuestro sistema solar.

También arroja luz sobre los procesos de formación planetaria en galaxias distantes, ofreciendo una perspectiva más clara sobre la evolución cósmica y la diversidad de mundos que existen.

Estos descubrimientos no solo reescriben partes de la historia temprana de la Tierra y la Luna, sino que abren nuevas vías para la investigación geológica y astrofísica. La capacidad de discernir tales detalles a partir de rocas tan antiguas subraya la importancia de estudiar estos registros, que revelan secretos profundos del universo.