Una investigación reciente de la Universidad de Rutgers ha revelado que el oxígeno que respiramos depende crucialmente de un ingrediente diminuto: el hierro en el océano. Este micronutriente vital impulsa el fitoplancton marino, organismos microscópicos que son la base de la vida acuática y productores esenciales de la atmósfera terrestre.
Según un estudio publicado en 2026 por ScienceDaily, el fitoplancton genera una parte significativa del oxígeno global a través de la fotosíntesis. Sin embargo, su capacidad para realizar este proceso está directamente ligada a la disponibilidad de hierro. Cuando este elemento escasea, la fotosíntesis se ralentiza, impactando la producción de oxígeno y la cadena alimentaria marina.
Este descubrimiento, que profundiza décadas de sospechas científicas, subraya la interconexión entre procesos aparentemente insignificantes y la sostenibilidad de la vida en la Tierra. Comprender cómo el hierro afecta estos organismos es fundamental en un contexto de cambio climático global.
El papel del hierro en la fotosíntesis marina
El hierro llega a los océanos principalmente a través del polvo arrastrado por el viento desde desiertos y regiones áridas, así como por el agua de deshielo de los glaciares. Paul G. Falkowski, catedrático en Rutgers-New Brunswick y coautor del estudio, explicó que «cada dos respiraciones que tomas incluyen oxígeno del océano, liberado del fitoplancton».
La investigación de Falkowski, detallada en Proceedings of the National Academy of Sciences, demuestra que el hierro es un factor limitante en la capacidad del fitoplancton para producir oxígeno en vastas regiones oceánicas. Sin suficiente hierro, la fotosíntesis no funciona a su máxima eficiencia, lo que significa menos crecimiento del fitoplancton y una menor absorción de dióxido de carbono de la atmósfera.
Heshani Pupulewatte, autora principal y asistente de investigación en el laboratorio de Falkowski, pasó 37 días en el mar en 2023 y 2024 para estudiar estas condiciones. Utilizó fluorómetros personalizados para medir la fluorescencia, un indicador de la energía desperdiciada por el fitoplancton cuando la fotosíntesis falla. Sus hallazgos confirmaron que la escasez de hierro impacta directamente la eficiencia energética de estos organismos.
Impacto del cambio climático en los ecosistemas oceánicos
El cambio climático está alterando los patrones de circulación oceánica y, consecuentemente, reduciendo la cantidad de hierro que llega al mar. Falkowski advierte que, aunque esto no impedirá que la gente respire, tendrá graves consecuencias para los ecosistemas marinos. «El fitoplancton es la fuente principal de alimento para el krill», señaló, que a su vez alimenta a pingüinos, focas y ballenas, según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA).
Una disminución en los niveles de hierro significa menos alimento disponible para estos animales de niveles tróficos superiores, lo que se traduce en una reducción de sus poblaciones. Este efecto dominó ilustra cómo un cambio en un micronutriente puede desestabilizar ecosistemas enteros, afectando la biodiversidad y la salud general del océano, un tema de creciente preocupación en la revista Nature.
La investigación de Pupulewatte mostró que hasta el 25% de las proteínas captadoras de luz en el fitoplancton se desacoplan de las estructuras que convierten esa energía cuando el hierro es escaso. Esto resulta en un considerable desperdicio de energía, un hallazgo crucial para entender la vulnerabilidad de estos productores primarios en un clima cambiante.
La dependencia del oxígeno terrestre de un elemento tan discreto como el hierro oceánico resalta la fragilidad de nuestros sistemas naturales. La comunidad científica, como la que lidera el equipo de Rutgers, continúa investigando estos complejos equilibrios. Proteger los flujos de nutrientes hacia los océanos es vital para mantener la salud del planeta y la vida tal como la conocemos, un desafío que requiere atención global y acciones coordinadas.












