Algunas personas no experimentan alegría al escuchar música, a pesar de tener una audición normal y disfrutar de otras actividades placenteras. Esta condición, conocida como anhedonia musical específica, surge cuando las regiones cerebrales encargadas del procesamiento auditivo no se conectan adecuadamente con las áreas de recompensa, dejando la música emocionalmente plana para ellas. Este fenómeno ofrece una ventana crucial para comprender cómo el cerebro procesa el placer en diversas facetas de la vida.

Identificada por primera vez hace aproximadamente una década, la anhedonia musical desafía la percepción común de la música como un placer universal. Investigadores de la Universidad de Barcelona han profundizado en este enigma, revelando que no se trata de una incapacidad general para sentir placer, sino de una desconexión muy específica. Sus hallazgos sugieren que el disfrute no es un estado binario, sino que depende de la interacción precisa entre distintas redes neuronales.

Este campo de estudio es vital para entender las diferencias individuales en la respuesta a estímulos gratificantes. Según un estudio publicado en ScienceDaily en 2026, esta investigación podría abrir nuevas vías para abordar trastornos relacionados con la recompensa, como la anhedonia general, la adicción o los trastornos alimentarios. La forma en que nuestro cerebro percibe y valora las experiencias es un terreno fértil para la neurociencia.

La desconexión cerebral detrás de la anhedonia musical

La clave de la anhedonia musical reside en una comunicación deficiente entre el sistema auditivo y el circuito de recompensa del cerebro. Personas con esta condición pueden procesar melodías sin problemas, lo que demuestra que su sistema auditivo funciona con normalidad. Sin embargo, no registran una respuesta placentera, según explica Josep Marco-Pallarés, neurocientífico de la Universidad de Barcelona y coautor de la investigación.

Imágenes cerebrales obtenidas mediante resonancia magnética funcional (fMRI) han corroborado esta hipótesis. Mientras que estos individuos muestran una actividad normal en el circuito de recompensa al ganar dinero u otros estímulos gratificantes, la misma actividad se reduce significativamente al escuchar música. Esto subraya que el sistema de recompensa está intacto, pero no se activa eficazmente por estímulos musicales.

Para medir el grado de recompensa musical, el equipo desarrolló el Cuestionario de Recompensa Musical de Barcelona (BMRQ). Esta herramienta evalúa cinco dimensiones del placer musical: respuesta emocional, regulación del estado de ánimo, conexión social, movimiento físico y el deseo de buscar nuevas experiencias musicales. Los individuos con anhedonia musical suelen obtener puntuaciones bajas en todas estas categorías, lo que valida la especificidad de su condición, como se detalla en una revisión en Trends in Cognitive Sciences.

Un espectro de placer: implicaciones más allá de la música

La investigación sobre la anhedonia musical también arroja luz sobre la naturaleza multifacética del placer. Ernest Mas-Herrero, otro neurocientífico de la Universidad de Barcelona, enfatiza que no solo importa la activación del circuito de recompensa, sino también cómo este interactúa con otras regiones cerebrales relevantes para cada tipo de recompensa. Esto sugiere que el placer existe en un espectro, no como un estado de todo o nada.

Factores genéticos y experiencias de vida parecen contribuir a esta condición. Un estudio con gemelos reveló que la genética podría explicar hasta el 54% de las diferencias individuales en el disfrute musical. Comprender estas bases genéticas y ambientales es un paso crucial para desentrañar la complejidad de la respuesta hedónica humana, tal como se exploró en un estudio publicado en Cortex.

La metodología empleada para estudiar la anhedonia musical podría aplicarse a otros tipos de recompensas, llevando al descubrimiento de otras anhedonias específicas. Por ejemplo, podría existir una «anhedonia alimentaria» si hay una desconexión entre las regiones cerebrales que procesan los alimentos y el circuito de recompensa. Este enfoque abre nuevas fronteras en la investigación de las diferencias individuales en la sensibilidad a la recompensa.

En última instancia, la anhedonia musical nos recuerda que la experiencia humana es profundamente diversa. Mientras algunos encuentran consuelo y éxtasis en cada nota, otros navegan por un mundo donde la sinfonía de la vida carece de una banda sonora emocional. La ciencia continúa explorando si esta condición es estable o puede cambiar con el tiempo, buscando desvelar los intrincados mecanismos que definen nuestro disfrute del mundo.