La administración del expresidente Donald Trump adoptó un enfoque particular en su política exterior, caracterizado por la preferencia de figuras no profesionales sobre diplomáticos de carrera. Esta estrategia, que marginó a expertos con décadas de experiencia, generó un debate considerable sobre la eficacia y las consecuencias para la posición global de Estados Unidos.

Según un análisis de Jan-Werner Mueller en Project Syndicate publicado en enero de 2026, la inclinación por «amateurs» que supuestamente aportarían nuevas ideas a conflictos intratables refleja una larga tradición anti-intelectualista en la política estadounidense. Sin embargo, esta aproximación ha dejado a Estados Unidos más vulnerable, debilitado y susceptible a la manipulación por parte de adversarios, como se observó en varios encuentros de alto nivel.

La desvalorización del cuerpo diplomático profesional no es un fenómeno menor. Implica una pérdida de memoria institucional, de redes de contacto cultivadas durante años y de una comprensión matizada de complejas dinámicas geopolíticas. Este vacío, a menudo, fue llenado por individuos con lealtades políticas, pero sin la formación o experiencia necesarias para navegar el delicado arte de las relaciones internacionales.

El impacto en la coherencia y la credibilidad internacional

La diplomacia, en su esencia, es un campo que requiere experiencia, paciencia y un profundo conocimiento de la historia, la cultura y los intereses de otras naciones. La preferencia por la diplomacia amateur de Trump socavó la coherencia de la política exterior estadounidense, enviando señales confusas a aliados y adversarios por igual. Decisiones clave a menudo se tomaron sin el debido proceso o la consulta experta, lo que llevó a resultados impredecibles.

Un estudio del Council on Foreign Relations de 2023 destacó cómo la rotación constante de personal diplomático y la falta de embajadores confirmados en puestos clave afectaron la capacidad de Washington para responder eficazmente a crisis. Por ejemplo, en 2018, más de una docena de puestos de embajadores en países cruciales permanecieron vacantes o fueron ocupados por designados políticos sin experiencia previa, limitando la influencia de EE. UU. en regiones volátiles.

La credibilidad estadounidense también sufrió. Cuando los socios internacionales percibieron una falta de seriedad o profesionalismo en las delegaciones de EE. UU., la confianza se erosionó. Esto se manifestó en renegociaciones de tratados, como el Acuerdo de París, o en la postura hacia organizaciones internacionales, donde la voz de Estados Unidos perdió parte de su peso moral y estratégico frente a actores con una diplomacia más consolidada.

Consecuencias estratégicas y el costo a largo plazo

Las implicaciones de esta política van más allá de la percepción. En el ámbito estratégico, la ausencia de diplomáticos experimentados en roles críticos puede llevar a errores de cálculo o a la incapacidad de anticipar movimientos de potencias rivales. Un informe del Government Accountability Office (GAO) de 2022 señaló deficiencias en la planificación y ejecución de iniciativas diplomáticas debido a la escasez de personal calificado.

La preparación para desafíos futuros, desde el cambio climático hasta la ciberseguridad, exige una diplomacia sofisticada y bien equipada. Al debilitar sus propias instituciones diplomáticas, Estados Unidos corre el riesgo de quedar rezagado en un escenario global cada vez más complejo y competitivo. El costo real de la diplomacia amateur de Trump podría medirse no solo en oportunidades perdidas, sino en un legado de influencia disminuida que tardará años en reconstruirse.

Mirando hacia adelante, la restauración de la credibilidad y la capacidad diplomática de Estados Unidos requerirá una inversión sostenida en su servicio exterior. Esto implica valorar la experiencia, fomentar el profesionalismo y asegurar que la política exterior se base en un profundo conocimiento y no en la improvisación. Solo así se podrá recuperar una posición de liderazgo global robusta y efectiva, capaz de abordar los desafíos del siglo XXI con la seriedad que merecen.