La creciente compra de bonos por bancos centrales como la Reserva Federal de EE. UU. ha transformado su rol, pasando de una operación monetaria a un pilar del financiamiento fiscal. Esta situación plantea serias dudas sobre si los bancos centrales están facilitando déficits gubernamentales insostenibles y sus consecuencias a largo plazo.

Esta práctica, que se intensificó tras la crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID-19, ha difuminado la línea entre la política monetaria y la fiscal. Países con deudas soberanas elevadas, como Japón y Estados Unidos, enfrentan la necesidad urgente de reducir sus déficits para evitar que sus niveles de deuda alcancen umbrales alarmantes, una preocupación reflejada en los datos de deuda global del FMI.

El problema se agudiza cuando las economías enfrentan tasas de interés reales más altas. En este escenario, los déficits fiscales aumentan aún más al refinanciar la deuda existente, creando un círculo vicioso. Esta dinámica genera la preocupación de un «bucle de fatalidad».

En este bucle, tasas más altas impulsan déficits mayores, que a su vez erosionan la confianza de los inversores en las finanzas públicas. Esto provoca un aumento aún mayor de las tasas, creando una espiral potencialmente incontrolable de deuda y desconfianza en la capacidad de pago del Estado.

El dilema del financiamiento fiscal

Según un análisis de Raghuram G. Rajan en Project Syndicate, las compras de bonos de la Reserva Federal ya no son solo operaciones monetarias. Se han convertido en un componente esencial del financiamiento fiscal del gobierno estadounidense.

Rajan sostiene que esta situación ha creado una trampa para la propia Fed y otros bancos centrales. Cuanto antes reconozcan el papel que están jugando en el sostenimiento de déficits, mejor será para la estabilidad económica global, evitando un mayor deterioro de la independencia monetaria.

Históricamente, los bancos centrales han mantenido su independencia para controlar la inflación y asegurar la estabilidad de precios. Sin embargo, al financiar indirectamente los déficits gubernamentales, como muestran las operaciones de la Reserva Federal, esta autonomía se ve comprometida.

La política monetaria corre el riesgo de quedar subordinada a las necesidades fiscales. Esto dificulta la implementación de medidas restrictivas cuando se requieren para frenar la inflación, creando un conflicto de intereses que puede tener repercusiones macroeconómicas significativas.

Riesgos y el camino hacia la sostenibilidad

Uno de los riesgos más tangibles de esta dependencia es el resurgimiento de la inflación. La inyección de liquidez mediante la compra de bonos puede aumentar la oferta monetaria. Si no hay un aumento proporcional en la producción de bienes y servicios, el resultado es una presión inflacionaria.

Además, la credibilidad de los bancos centrales puede verse afectada. Si los mercados perciben que las decisiones monetarias están impulsadas por imperativos fiscales, la efectividad de sus herramientas se reduce. Esto lleva a una mayor volatilidad y desconfianza en los mercados financieros globales.

Para romper este ciclo, es crucial que los gobiernos implementen políticas fiscales prudentes. Esto incluye reducir el gasto público superfluo, aumentar la eficiencia en la recaudación de impuestos y fomentar un crecimiento económico sostenible. Solo así se puede aliviar la presión sobre los bancos centrales para financiar déficits.

La independencia de los bancos centrales debe ser reafirmada y protegida. Esto implica establecer límites claros a la compra de deuda pública y asegurar que las decisiones monetarias se tomen exclusivamente en función de la estabilidad de precios y el pleno empleo, sin injerencias políticas que distorsionen sus objetivos primarios.

La relación entre los bancos centrales y los déficits gubernamentales es un campo minado que exige una navegación cuidadosa. Reconocer el papel de los bancos centrales en el financiamiento fiscal es el primer paso para abordar la sostenibilidad de la deuda pública.

El futuro de la estabilidad económica global depende de un equilibrio delicado entre la disciplina fiscal y la independencia monetaria. Solo a través de reformas estructurales y una gestión fiscal responsable se podrá evitar una crisis de deuda y preservar la credibilidad de las instituciones financieras.