Científicos de la Universidad de Texas en Austin han revelado que los ciclos de El Niño y La Niña sincronizan sequías e inundaciones en todo el planeta. Un estudio reciente, publicado en AGU Advances, muestra cómo estos fenómenos extremos se intensifican simultáneamente en regiones distantes, con implicaciones globales para la disponibilidad de agua y la producción de alimentos.

Esta investigación, que rastreó el agua de la Tierra desde el espacio, destaca que los eventos de El Niño y La Niña no solo provocan extremos hídricos, sino que los alinean de manera que continentes lejanos experimentan condiciones inusualmente húmedas o peligrosamente secas al mismo tiempo. Este hallazgo transforma la comprensión de las crisis hídricas, viéndolas como parte de un patrón global interconectado y no como sucesos aislados.

El estudio, divulgado por ScienceDaily el 13 de enero de 2026, también señala un cambio significativo ocurrido hace aproximadamente una década: los extremos secos se han vuelto más prevalentes que los húmedos a nivel mundial. Esta tendencia subraya la urgencia de adaptar estrategias de gestión de recursos hídricos y planificación agrícola a una realidad climática que muestra una sincronización creciente de los desastres naturales.

La fuerza de El Niño y La Niña en la hidrología global

Los científicos, buscando entender el desarrollo y la propagación de estos extremos hídricos, encontraron en ENSO (Oscilación del Sur de El Niño) el principal motor de cambios en el almacenamiento total de agua. Su trabajo, publicado en AGU Advances, cubre los últimos 20 años de datos globales.

El almacenamiento total de agua es un indicador climático crucial, pues considera todas las formas de agua en una región: ríos, lagos, nieve, hielo, humedad del suelo y agua subterránea. Este enfoque integral permitió a los investigadores rastrear cómo el agua se mueve y cambia, revelando una conexión espacial entre condiciones extremas húmedas y secas a grandes distancias.

Bridget Scanlon, profesora de investigación en la Oficina de Geología Económica de la UT, enfatiza la relevancia de estos patrones. ‘Al observar la escala global, podemos identificar qué áreas están simultáneamente húmedas o secas’, explica Scanlon. ‘Esto afecta directamente la disponibilidad de agua, la producción y el comercio de alimentos, impactando cadenas globales’.

Para estas mediciones, los científicos utilizaron los satélites GRACE y GRACE Follow-On (GRACE-FO) de la NASA. Estos sistemas capturan variaciones en la masa de agua, ofreciendo una visión sin precedentes de cómo los eventos de El Niño y La Niña pueden empujar regiones distantes a condiciones extremas al mismo tiempo. Para más detalles sobre la misión, visite el sitio de NASA GRACE-FO.

Patrones globales de sequías e inundaciones

La investigación identificó casos impactantes que ilustran esta sincronización. Durante mediados de la década de 2000, un evento de El Niño coincidió con una sequía severa en Sudáfrica. Otro El Niño se vinculó con la sequía en el Amazonas entre 2015 y 2016, mostrando cómo un mismo fenómeno puede generar escasez en puntos cardinales distintos.

Por el contrario, un evento de La Niña en 2010-2011 trajo condiciones excepcionalmente húmedas a Australia, el sureste de Brasil y Sudáfrica. Estos ejemplos subrayan la complejidad y la interconexión de los sistemas climáticos, donde las acciones de un patrón global tienen repercusiones en múltiples frentes.

El estudio de la UT Austin también reveló un cambio más amplio en el comportamiento hídrico global alrededor de 2011-2012. Antes de este periodo, las condiciones inusualmente húmedas eran más comunes. Después, los extremos secos comenzaron a predominar, tendencia atribuida a un patrón climático de larga duración en el Océano Pacífico que influye en cómo ENSO afecta el agua global.

La comprensión de que las sequías e inundaciones globales están intrínsecamente ligadas a los ciclos de El Niño y La Niña es fundamental. Este conocimiento permite una planificación más proactiva en áreas críticas como la agricultura, el comercio y la ayuda humanitaria, mitigando los impactos de los fenómenos extremos. La capacidad de prever y gestionar estos patrones sincronizados será esencial para la resiliencia de las comunidades y economías en todo el planeta frente a un clima en constante evolución.