Las abejas melíferas, conocidas por su ingenioso sistema de termorregulación, enfrentan un desafío sin precedentes: el calor extremo está rompiendo su capacidad natural de enfriar las colmenas. Un estudio reciente, publicado en la revista Ecological and Evolutionary Physiology, revela cómo las olas de calor prolongadas en Arizona provocaron fluctuaciones dañinas de temperatura y declives poblacionales.

Esta investigación subraya una amenaza creciente para la supervivencia de las colonias de abejas y los servicios de polinización esenciales que brindan a la agricultura global, vitales para la seguridad alimentaria, como destaca la FAO. A medida que las temperaturas medias globales continúan ascendiendo, las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, poniendo a prueba los límites de adaptación de estas vitales polinizadoras.

Los mecanismos de las abejas para lidiar con el calor son bien conocidos, pero hasta ahora no se había evaluado el límite de su termorregulación frente a fenómenos naturales extremos. El estudio siguió nueve colonias en Arizona, donde las temperaturas superaron los 40°C, revelando las consecuencias directas de este estrés térmico.

Fluctuaciones peligrosas en la colmena

A pesar de los esfuerzos de las abejas por mantener la temperatura del área de cría entre 34-36°C, ideal para el desarrollo, el estudio encontró variaciones significativas. Las abejas en el centro de la cría experimentaron casi 1.7 horas diarias por debajo y 1.6 horas por encima del rango óptimo, según reportó ScienceDaily.

Las condiciones eran mucho más severas en los bordes de la cría, donde las abejas jóvenes pasaban cerca de ocho horas diarias fuera de la ventana de temperatura segura. Estas oscilaciones repetidas tuvieron claras consecuencias biológicas, reduciendo el tamaño de las poblaciones en colonias expuestas a picos de calor más altos y mayor variación interna.

Los autores del estudio, incluyendo a Jun Chen y Jon F. Harrison, indicaron que el calor excesivo, con máximas superiores a 40°C, puede reducir las poblaciones al afectar la termorregulación de la cría o al exponer a los adultos a temperaturas que acortan su vida útil.

El tamaño de la colonia y el riesgo climático

El tamaño de la colonia resultó ser un factor crucial en la capacidad de las abejas para protegerse del calor extremo. Las colonias más grandes lograron mantener temperaturas internas más estables. En las colmenas más pequeñas, las fluctuaciones en los bordes de la cría alcanzaron hasta 11°C diarios, frente a unos 6°C en las colonias mayores.

Esta mayor estabilidad en colonias grandes significó que tanto las abejas en desarrollo como las adultas pasaron menos tiempo expuestas a temperaturas extremas. Los investigadores advierten que desafíos similares podrían volverse comunes, ya que las proyecciones climáticas indican un aumento de hasta 4°C en la temperatura global para finales de siglo.

La Organización Meteorológica Mundial ha reportado que las olas de calor son cada vez más intensas y frecuentes. La humedad también agrava el problema, ya que reduce la eficacia del enfriamiento por evaporación, el mecanismo principal que usan las abejas para regular la temperatura de la colmena.

Los hallazgos tienen implicaciones significativas para los apicultores y los sistemas agrícolas que dependen de la polinización de las abejas melíferas. Estrategias como proveer agua suplementaria, ubicar colmenas en áreas sombreadas y mejorar el diseño y aislamiento de las mismas serán cruciales.

Asegurar el acceso a forraje de alta calidad también puede mitigar el estrés térmico y apoyar la estabilidad de las colonias. La comprensión de estos límites térmicos es vital para desarrollar prácticas de manejo que salvaguarden a las abejas en un futuro con temperaturas crecientes.