Científicos del Karolinska Institutet han descubierto el ritmo cerebral que nos hace sentir nuestro cuerpo como propio. Publicado en enero de 2026, este hallazgo sobre las ondas alfa es clave para entender la identidad física.

La sensación de que una mano, una pierna o cualquier parte de nuestro cuerpo nos pertenece parece automática. Sin embargo, el cerebro realiza un trabajo complejo y constante para evaluar la información sensorial y mantener esta percepción. Esta distinción entre lo que es parte de uno mismo y lo que no, es una tarea exigente que depende de procesos cerebrales precisos y aún poco comprendidos.

Según un resumen en ScienceDaily, la investigación se centró en cómo las ondas alfa, un tipo de actividad rítmica cerebral, actúan como un reloj interno que moldea nuestra experiencia corporal. Los resultados ofrecen una nueva perspectiva sobre cómo el cerebro combina la información de diferentes sentidos para construir un sentido estable del yo.

Cómo las ondas alfa definen la propiedad corporal

El estudio, publicado en Nature Communications y liderado por investigadores del Karolinska Institutet, examinó la fusión de señales visuales y táctiles. Se demostró que la velocidad de las ondas alfa en la corteza parietal, una región clave para procesar información sensorial del cuerpo, juega un papel fundamental en la precisión con la que percibimos nuestro cuerpo como propio.

Mariano D’Angelo, investigador principal del Departamento de Neurociencia del Karolinska Institutet, explica que han identificado un proceso cerebral fundamental que da forma a nuestra experiencia continua de estar encarnados. Este descubrimiento podría ofrecer nuevas perspectivas sobre condiciones psiquiátricas, como la esquizofrenia, donde el sentido del yo se encuentra alterado.

Para profundizar en la propiedad corporal, los 106 participantes del estudio realizaron la ‘ilusión de la mano de goma’. En este experimento, se expone una mano falsa mientras la real permanece oculta. Al tocar ambas manos simultáneamente, muchos participantes empiezan a sentir la mano de goma como parte de su propio cuerpo.

Los investigadores observaron que las personas con frecuencias de ondas alfa más rápidas eran más hábiles para detectar pequeñas diferencias temporales entre lo que veían y lo que sentían. Sus cerebros procesaban la información sensorial con mayor precisión temporal, lo que resultaba en un sentido de propiedad corporal más nítido y fiable.

Por el contrario, los participantes con frecuencias alfa más lentas mostraron una ‘ventana de unión temporal’ más amplia. Esto significaba que las señales visuales y táctiles eran más propensas a ser tratadas como simultáneas, incluso si estaban ligeramente desincronizadas. Esta menor precisión temporal difuminaba la distinción entre las sensaciones relacionadas con el propio cuerpo y los estímulos externos.

Implicaciones para la tecnología y la salud mental

Para confirmar si la frecuencia de las ondas alfa influye directamente en estos efectos, el equipo utilizó estimulación cerebral eléctrica no invasiva. Al aumentar o disminuir suavemente la velocidad de los ritmos alfa, los investigadores lograron alterar la precisión con la que los participantes experimentaban la propiedad corporal y juzgaban la sincronización de las señales sensoriales.

Los modelos computacionales respaldaron estos resultados, demostrando que la frecuencia alfa afecta la precisión con la que el cerebro evalúa el tiempo de la información sensorial. Al regular este tiempo, las oscilaciones alfa contribuyen a la percepción y a la experiencia de poseer un cuerpo, según detalla la investigación.

Henrik Ehrsson, profesor del Departamento de Neurociencia del Karolinska Institutet y autor principal del estudio, señala que estos hallazgos ayudan a explicar cómo el cerebro integra las señales del cuerpo para crear un sentido coherente del yo. Este conocimiento es fundamental y podría contribuir al desarrollo de prótesis más avanzadas y experiencias de realidad virtual más inmersivas y realistas.

La comprensión del papel de las ondas alfa en la propiedad corporal representa un avance significativo en la neurociencia. Futuras investigaciones podrían explorar cómo modular estos ritmos para mejorar la calidad de vida de pacientes con trastornos de la imagen corporal o para optimizar la interacción humana con tecnologías emergentes, redefiniendo los límites de nuestra percepción del yo.