La visión de un poder global basado en transacciones y esferas de influencia, a menudo descrita como una «visión gangsteril del poder global», está reconfigurando la geopolítica actual. Esta perspectiva, que prioriza la fuerza sobre las normas internacionales, genera una inestabilidad significativa. Sus consecuencias se extienden a la economía mundial, fracturando mercados y poniendo en peligro los intereses comerciales de muchas naciones.

Tal enfoque se ha manifestado en acciones que desafían el derecho internacional, como la búsqueda de control sobre recursos estratégicos mediante la imposición de regímenes afines. Este patrón sugiere que las grandes potencias buscan actuar con impunidad en sus «patios traseros», ignorando las implicaciones a largo plazo para la estabilidad global y la cooperación multilateral.

Este modelo de política exterior, impulsado por una lógica transaccional, ha sido objeto de análisis crítico por parte de economistas y analistas políticos. Según Jayati Ghosh en un artículo publicado por www.project-syndicate.org, esta doctrina alimenta la inestabilidad y pone en peligro la economía global.

La erosión del orden internacional y la visión gangsteril

La premisa de que el mundo puede ser repartido entre grandes potencias, donde cada una actúa sin restricciones en su área de influencia, socava los cimientos del orden internacional. Este paradigma fomenta un entorno de desconfianza y competencia, donde los acuerdos bilaterales prevalecen sobre los marcos multilaterales, debilitando instituciones como las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio. Este enfoque ha sido criticado por expertos en derecho internacional, quienes advierten sobre un retroceso a épocas de diplomacia de «suma cero».

Las implicaciones de esta «geopolítica visión gangsteril» son profundas. Se observa un aumento en la presión económica y política sobre países más pequeños, forzándolos a alinearse con una u otra potencia. Esto se traduce en una mayor volatilidad en los mercados de materias primas y en las cadenas de suministro globales, afectando directamente la inversión y el crecimiento económico a escala planetaria. Un estudio reciente de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) destaca cómo las tensiones geopolíticas ya están impactando el comercio global.

Impacto económico y la fractura de mercados

La fragmentación de los mercados es una consecuencia directa de esta política exterior transaccional. Al priorizar el control de recursos y la imposición de regímenes afines, se crean barreras comerciales y se distorsionan los flujos de inversión. Esto impide la formación de mercados eficientes y reduce las oportunidades para las empresas que operan a nivel global. Los sectores energéticos y tecnológicos son particularmente vulnerables a estas dinámicas, enfrentando riesgos de suministro y restricciones en el acceso a innovaciones.

Los intereses económicos de potencias también se ven comprometidos a largo plazo. Aunque a corto plazo puedan parecer beneficiosas ciertas acciones, la inestabilidad resultante desalienta la inversión extranjera directa y promueve la fuga de capitales de regiones afectadas. Expertos del Fondo Monetario Internacional han señalado que la fragmentación geopolítica podría reducir el PIB mundial en un porcentaje significativo, afectando el crecimiento y la prosperidad compartida.

La adopción de una «visión gangsteril del poder global» representa un cambio paradigmático con consecuencias preocupantes. Lejos de garantizar la seguridad o la hegemonía, este enfoque erosiona la confianza multilateral, fomenta la inestabilidad y, en última instancia, socava la prosperidad económica a nivel global. El camino hacia una mayor cooperación y el respeto por el derecho internacional parece ser el único viable para construir un futuro más estable y próspero para todos.