La inteligencia artificial (IA) está transformando el mercado laboral a una velocidad sin precedentes, eliminando profesiones y presionando salarios más rápido de lo que surgen nuevas oportunidades. Esta disrupción global plantea una pregunta crucial: ¿qué sucede cuando el trabajo remunerado desaparece?
Según Peter G. Kirchschläger, en un análisis publicado por Project Syndicate en enero de 2026, las sociedades deben prepararse para preservar la dignidad humana en un futuro donde el pleno empleo ya no sea la norma.
Lo que comúnmente llamamos IA son, en esencia, sistemas basados en datos (DS) que ya están redefiniendo casi todos los aspectos de nuestra existencia. Desde modelos de negocio innovadores hasta la reestructuración completa de economías, estas tecnologías prometen impulsar la productividad y expandir nuestras capacidades cognitivas, pero no sin un costo social inmediato.
La promesa de que la IA generará nuevos empleos no siempre compensa la velocidad con la que las ocupaciones existentes se vuelven obsoletas. Áreas antes consideradas exclusivamente humanas, como el análisis complejo, la creatividad o la interacción social, están siendo asumidas por máquinas con una eficiencia asombrosa, forzando una reevaluación profunda de nuestra relación con el trabajo.
La reconfiguración del mercado laboral por la inteligencia artificial
La automatización impulsada por la IA impacta una amplia gama de sectores, desde la manufactura hasta los servicios profesionales. Un estudio de McKinsey de 2023 proyectó que millones de trabajadores en Estados Unidos podrían necesitar cambiar de ocupación para 2030 debido a la IA.
Esto no solo afecta a trabajos manuales, sino también a roles de cuello blanco, como contadores, analistas financieros y asistentes legales, que son cada vez más vulnerables a la eficiencia de los algoritmos. La IA está redefiniendo fundamentalmente las habilidades demandadas.
El Foro Económico Mundial, en su Informe sobre el Futuro del Empleo 2023, señaló que el 23% de los trabajos cambiarán en los próximos cinco años, con una creación de 69 millones de nuevos roles frente a la eliminación de 83 millones.
Esta brecha subraya la urgencia de adaptar la fuerza laboral a las nuevas demandas. Invertir en educación continua y reconversión profesional es crucial para mitigar el impacto negativo de la desaparición del trabajo remunerado en su forma tradicional.
Más allá del empleo: desafíos sociales y nuevas soluciones
Cuando el trabajo remunerado disminuye, surge una preocupación fundamental: ¿cómo mantenemos la dignidad y el propósito en la vida de las personas? El empleo ha sido, durante mucho tiempo, un pilar de la identidad individual y la integración social.
La pérdida masiva de puestos de trabajo podría exacerbar la desigualdad, la pobreza y la inestabilidad social si no se implementan políticas innovadoras. Es vital anticipar y mitigar estas consecuencias para asegurar una transición justa.
Una de las soluciones más discutidas es la Renta Básica Universal (RBU), una asignación periódica entregada a todos los ciudadanos sin condiciones. Proyectos piloto en Finlandia y varias ciudades estadounidenses, aunque con resultados mixtos, han explorado su potencial para proporcionar una red de seguridad económica.
La RBU podría ofrecer estabilidad en un mundo post-trabajo, permitiendo a las personas dedicarse a la educación, el cuidado, el arte o el voluntariado. Esto redefiniría el valor de la contribución social más allá del salario, fomentando nuevas formas de participación.
Además de la RBU, la inversión en sistemas educativos flexibles y accesibles es crucial. La capacidad de aprender nuevas habilidades a lo largo de toda la vida será esencial para navegar en un mercado laboral en constante cambio.
La política pública debe enfocarse en fomentar la creatividad, el pensamiento crítico y las habilidades interpersonales. Estos atributos, que la IA aún no puede replicar completamente, asegurarán que la humanidad encuentre su nicho en un futuro cada vez más automatizado.
El avance imparable de la inteligencia artificial nos obliga a enfrentar una realidad inminente: la redefinición del trabajo y, con ello, de nuestra sociedad. Adaptarse a la desaparición del trabajo remunerado requerirá una visión audaz que vaya más allá de las estructuras económicas actuales.
Priorizar la dignidad humana y buscar formas de valorizar las contribuciones que trascienden el mero intercambio monetario será esencial. El camino hacia un futuro post-empleo estará lleno de desafíos, pero también de oportunidades para reimaginar una sociedad más equitativa y con propósito.












