Desde el inicio de 2026, la agresividad de la política exterior estadounidense ha redefinido el panorama global, amenazando el orden económico establecido. Intervenciones militares en Venezuela y amenazas de sanciones contra naciones europeas, como reportó Project Syndicate, presagian un profundo cambio en la perspectiva económica global.

El sistema multilateral de instituciones y alianzas, que durante décadas sustentó el crecimiento económico global, se encuentra ahora bajo una presión sin precedentes. Las acciones unilaterales de Washington desafían los consensos internacionales, generando una incertidumbre palpable en los mercados financieros y las cadenas de suministro mundiales.

Este giro radical en la política exterior no solo repercute en las relaciones diplomáticas, sino que también altera significativamente las expectativas de inversión y comercio. Expertos de diversas instituciones, como el Council on Foreign Relations, advierten sobre una posible fragmentación económica, donde los bloques comerciales y financieros podrían volverse más insulares, alejándose de la globalización.

El impacto geopolítico y las nuevas dinámicas comerciales

Las amenazas de sanciones a países de la Unión Europea por su oposición a la anexión de Groenlandia, ejemplifican la audacia de esta nueva política. Estas medidas no solo buscan imponer la voluntad estadounidense de forma coercitiva, sino que también erosionan la confianza fundamental entre aliados históricos, forzando a las naciones a reevaluar sus estrategias de seguridad y comercio.

La imposición de barreras comerciales y la creciente militarización de la economía se están consolidando como herramientas habituales en la arena internacional. Un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) de octubre de 2025 proyecta una desaceleración del comercio global del 3.5% si las tensiones geopolíticas escalan, lo que impactaría directamente el crecimiento económico mundial.

Además, la intervención militar en Venezuela, según analistas del Chatham House, complejiza aún más el panorama energético global. La inestabilidad en regiones clave productoras de petróleo podría disparar los precios y desestabilizar economías dependientes, exacerbando la volatilidad ya presente en los mercados internacionales.

Reacciones globales y la búsqueda de resiliencia económica

Ante esta reconfiguración del poder, otras potencias globales están intensificando sus esfuerzos para fortalecer sus propias esferas de influencia y desarrollar mecanismos de resiliencia económica. China, la Unión Europea y bloques emergentes exploran activamente nuevas rutas comerciales y acuerdos bilaterales para mitigar los riesgos derivados de la política exterior estadounidense.

La búsqueda de alternativas al dólar como moneda de reserva principal y el desarrollo de sistemas de pago independientes son señales claras de esta tendencia de desdolarización. Un análisis del Banco de Pagos Internacionales (BIS) de finales de 2025, revela que el uso de monedas locales en el comercio transfronterizo ha aumentado un 18% en el último año, un indicio de la diversificación monetaria.

Esta estrategia global de diversificación no busca solo proteger economías individuales, sino también construir un contrapeso al unilateralismo. La colaboración en infraestructuras y tecnología entre países afines podría sentar las bases para un nuevo orden multipolar, donde la influencia económica se distribuya de manera más equitativa.

El escenario actual marca un punto de inflexión histórico. La «América pícara» no es solo un titular, sino una fuerza transformadora que redefine la geopolítica y el comercio global. La capacidad de adaptación de las naciones a este nuevo orden, donde la cooperación multilateral se ve desafiada constantemente, determinará la estabilidad y la prosperidad económica de las próximas décadas.