La inversión en IA crece, pero la confianza en IA escasea. Hiperescaladores deben restaurarla con transparencia y sistemas adaptativos para un futuro sostenible y valioso.

En 2025, solo cinco hiperescaladores —Alphabet, Meta, Microsoft, Amazon y Oracle— destinaron 399 mil millones de dólares a inversiones de capital, cifra que superará los 600 mil millones anualmente. Este despliegue masivo ha impulsado el crecimiento del PIB estadounidense, pero también ha generado una dependencia peligrosa, según un informe reciente de Deutsche Bank.

La concentración sin precedentes de esta industria, que representa el 35% de la capitalización del mercado estadounidense, ha llevado a cuestionar si se trata de una burbuja. Este escenario recuerda el fracaso del proyecto del Canal de Panamá francés, donde la falta de una visión inclusiva y la ignorancia de las críticas resultaron en pérdidas catastróficas, tal como documentan los economistas Daron Acemoglu y Simon Johnson en su libro ‘Power and Progress’.

El déficit de confianza y la brecha de valor

El panorama actual muestra una alarmante falta de optimismo y una significativa desconfianza entre la población respecto a la inteligencia artificial. Una encuesta global de KPMG a 48.000 personas en 47 países reveló que el 54% desconfía de la IA, y un 70% considera necesaria una mayor regulación, mientras que solo el 43% cree que las leyes actuales son adecuadas. Este es un dato crucial para la confianza en IA.

Sorprendentemente, a pesar de inversiones empresariales de 30 a 40 mil millones de dólares en IA generativa, un estudio del MIT encontró que el 95% de las organizaciones no obtienen ningún retorno. Esta situación, donde se capta tanto capital con tan pocos resultados tangibles, fue ampliamente documentada por Brian Merchant, como se mencionó en un artículo de www.fastcompany.com. El déficit de confianza no puede ser ignorado.

Reconstruyendo la confianza en IA: el camino hacia sistemas adaptativos

Para revertir esta tendencia, los hiperescaladores deben priorizar la construcción de sistemas adaptativos que aprendan de la retroalimentación. El mismo informe del MIT concluyó que las pocas empresas que lograron ganancias de productividad con la IA generativa lo hicieron al integrar sistemas que aprenden de las interacciones. Esta aproximación es vital para fomentar una confianza en IA duradera y funcional.

Las decisiones centralizadas sobre la adquisición de herramientas de IA a menudo resultan en productos inadecuados que los empleados desconfían, especialmente en tareas críticas. Es crucial involucrar a quienes construyen, implementan y trabajan con estos sistemas para dirigir el progreso tecnológico. La lección del Canal de Panamá sigue vigente: el progreso debe incluir a todos y no ignorar las críticas.

El futuro de la inteligencia artificial no depende solo de la inversión masiva, sino de la capacidad de los hiperescaladores para restaurar la confianza. Esto implica una reorientación estratégica hacia la transparencia, la regulación efectiva y la creación de sistemas adaptativos que respondan a las necesidades reales y a la retroalimentación de los usuarios. Solo así la IA podrá cumplir su promesa de un progreso inclusivo y sostenible.