Un estudio global masivo sobre cráneos caninos ancestrales revela que la diversidad de los perros se inició miles de años antes, con diferencias notables hace más de 11.000 años. Esta investigación desafía la idea de que la variedad canina es producto de la cría moderna, señalando una profunda coevolución con los humanos.

La nueva investigación arqueológica está redefiniendo la comprensión sobre cuándo los perros domésticos desarrollaron la amplia gama de formas y tamaños que vemos hoy. Contrario a la creencia popular, las señales claras de diversidad en los cánidos aparecieron mucho antes de lo que los científicos asumían, al menos hace 11.000 años.

Utilizando análisis avanzados de forma en cientos de restos antiguos, recogidos a lo largo de decenas de miles de años, los investigadores rastrearon cómo los perros primitivos cambiaron con el tiempo. Sus hallazgos apuntan a un momento prehistórico profundo donde los perros comenzaron a diferenciarse notablemente en tamaño y forma del cráneo, un pilar fundamental para entender la diversidad canina antigua.

La diversidad canina desafía las teorías modernas

Durante décadas, muchos científicos asumieron que la mayor parte de la diversidad de los perros era resultado de prácticas de cría selectiva recientes, ligadas a los clubes caninos victorianos. Este nuevo trabajo, publicado en la revista Science y liderado por investigadores de la Universidad de Exeter y el CNRS francés, refuta esa idea.

En cambio, revela que los perros ya mostraban una variación física sustancial hace miles de años, poco después de separarse de los lobos. Los resultados sugieren que los perros primitivos se estaban adaptando rápidamente, mucho antes de la aparición de las razas modernas, impulsados por su estrecha y creciente relación con las comunidades humanas, según ScienceDaily.

La Dra. Carly Ameen, coautora principal del Departamento de Arqueología e Historia de Exeter, enfatiza: «La diversidad entre los perros no es solo producto de los criadores victorianos, sino un legado de miles de años de coevolución con las sociedades humanas.»

Un estudio global revela patrones de cambio

El proyecto es el análisis más extenso de cráneos de perros jamás realizado, abarcando 643 cráneos de cánidos, incluyendo razas modernas, perros callejeros y lobos. Estos especímenes cubren aproximadamente 50.000 años, desde el Pleistoceno hasta el presente.

Científicos de más de 40 instituciones colaboraron para crear modelos 3D detallados de cada cráneo, analizándolos con morfometría geométrica. Esta técnica permite comparaciones precisas de tamaño y forma, revelando que para los períodos Mesolítico y Neolítico, los perros ya exhibían una amplia gama de formas craneales y tamaños corporales.

Esta creciente diversidad reflejaba probablemente los múltiples roles que los perros desempeñaban en las primeras sociedades humanas: caza, pastoreo, guardia y compañía. La Dra. Allowen Evin, coautora principal del CNRS, explicó que una reducción en el tamaño del cráneo es detectable entre 9.700 y 8.700 años atrás, mientras que un aumento en la varianza del tamaño aparece desde hace 7.700 años.

La mayor variabilidad en la forma del cráneo comienza a surgir alrededor de 8.200 años atrás. Aunque los perros modernos exhiben morfologías más extremas, como los bulldogs de cara corta o los galgos de cara larga, ausentes en los especímenes arqueológicos tempranos, la diversidad canina antigua ya era significativa.

La Dra. Evin añade que la diversidad del Neolítico era el doble que la de los especímenes del Pleistoceno, y ya representaba la mitad del rango que se observa en los perros actuales, según el estudio publicado en Science.

Este estudio no solo reescribe el cronograma de la diversidad canina, sino que también subraya la complejidad de identificar las primeras etapas de la domesticación. Ninguno de los especímenes del Pleistoceno tardío examinados, incluyendo algunos previamente sugeridos como «protoperros», mostró características craneales consistentes con la domesticación.

Ello sugiere que el inicio mismo del proceso de domesticación aún permanece oculto en el registro arqueológico, como señaló el profesor Greger Larson de la Universidad de Oxford, autor principal del estudio. Entender la coevolución entre humanos y perros desde sus orígenes más profundos ofrece una perspectiva invaluable sobre la relación que ha moldeado a ambas especies a lo largo de milenios.