Nuevas investigaciones sugieren que el ejercicio aeróbico constante puede mantener el cerebro biológicamente más joven. Un estudio reciente del AdventHealth Research Institute reveló que apenas 150 minutos semanales de actividad aeróbica pueden hacer que el cerebro luzca casi un año más joven en adultos de mediana edad, ofreciendo una prometedora vía para proteger la salud cerebral a largo plazo.

Este hallazgo, publicado en el Journal of Sport and Health Science, subraya la importancia de integrar la actividad física en la rutina diaria. La preocupación por el deterioro cognitivo con la edad es universal, y este estudio ofrece una estrategia tangible para mitigar sus efectos, especialmente durante la mediana edad, un período crítico para la prevención.

La capacidad del ejercicio para impactar directamente la «edad cerebral» —una métrica que refleja la salud del cerebro en comparación con la edad cronológica— abre nuevas perspectivas en la neurociencia preventiva. Comprender cómo el movimiento influye en nuestra materia gris es fundamental para diseñar intervenciones efectivas y sostenibles.

La ciencia detrás del ejercicio y la edad cerebral

El estudio, que incluyó a 130 adultos sanos de entre 26 y 58 años, dividió a los participantes en un grupo de ejercicio aeróbico moderado a vigoroso y un grupo de control. Los del primer grupo completaron 150 minutos de actividad semanal, incluyendo dos sesiones supervisadas de 60 minutos, siguiendo las pautas del American College of Sports Medicine.

Las resonancias magnéticas (IRM) cerebrales se realizaron al inicio y después de 12 meses para medir la edad cerebral predicha (brain-PAD). Este indicador, cuando es más alto, se ha asociado con un rendimiento físico y cognitivo más débil, además de un mayor riesgo de mortalidad, según estudios previos.

Los resultados fueron reveladores. El grupo que realizó ejercicio mostró una disminución medible en su brain-PAD, haciendo que sus cerebros parecieran, en promedio, 0.6 años más jóvenes. En contraste, el grupo de control experimentó un ligero aumento de 0.35 años en la edad cerebral, aunque sin significancia estadística.

Esta diferencia de casi un año entre ambos grupos es significativa. El Dr. Lu Wan, autor principal y científico de datos en el AdventHealth Research Institute, comentó: «Encontramos que un programa de ejercicio sencillo, basado en pautas, puede hacer que el cerebro se vea notablemente más joven en solo 12 meses.»

Añadió que «muchas personas se preocupan por proteger su salud cerebral a medida que envejecen. Estudios como este ofrecen una guía esperanzadora basada en hábitos cotidianos. Estos cambios absolutos fueron modestos, pero un cambio de un año en la edad cerebral podría ser muy importante a lo largo de décadas.»

Impacto a largo plazo de la actividad física en la mente

Aunque la mejora en la aptitud cardiorrespiratoria fue evidente en el grupo de ejercicio, los investigadores no lograron identificar los mecanismos exactos que vinculan el ejercicio con la reducción de la edad cerebral. Factores como la composición corporal, la presión arterial o los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) no explicaron estadísticamente el efecto.

«Eso fue una sorpresa», señaló Wan, «esperábamos que las mejoras en la aptitud o la presión arterial explicaran el efecto, pero no lo hicieron. El ejercicio puede estar actuando a través de mecanismos adicionales que aún no comprendemos completamente.»

El Dr. Kirk I. Erickson, neurocientífico y director del AdventHealth Research Institute, enfatizó la relevancia de estos pequeños cambios: «Aunque la diferencia es inferior a un año, estudios previos sugieren que cada ‘año’ adicional de edad cerebral se asocia con diferencias significativas en la salud en la vida posterior.»

Desde una perspectiva de vida, «impulsar el cerebro en una dirección más joven en la mediana edad podría ser muy importante», afirmó Erickson. Este estudio, cuya información se puede encontrar en ScienceDaily, refuerza la idea de que invertir en nuestra salud física es una inversión directa en nuestra longevidad cognitiva.

La importancia de la imagen por resonancia magnética para entender los cambios relacionados con la edad en el cerebro, como detalla el National Institute on Aging, es crucial. Nos permite visualizar y cuantificar estos efectos sutiles pero significativos.

En última instancia, los hallazgos proporcionan una evidencia sólida de que la actividad física regular no solo beneficia el cuerpo, sino que también ofrece una defensa poderosa contra el envejecimiento cerebral. Mantenerse activo, incluso con una rutina moderada, podría ser uno de los pilares más accesibles y efectivos para preservar la agudeza mental y la calidad de vida a medida que envejecemos.