Un reciente estudio en Guatemala revela que el agua embotellada, percibida como la opción más segura, a menudo contiene bacterias dañinas. Esta investigación de la Universidad Estatal de Washington (WSU) desafía las creencias populares sobre la seguridad del agua, con implicaciones directas para la salud pública.

La paradoja es alarmante: lo que muchos confían para beber podría ser una fuente de riesgo. Este hallazgo subraya una desconexión crítica entre la percepción de seguridad y la realidad microbiológica, especialmente en regiones vulnerables. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que miles de millones de personas carecen de acceso a agua gestionada de forma segura.

El estudio, publicado en ScienceDaily el 23 de enero de 2026, se centró en el Altiplano Occidental de Guatemala. Los científicos compararon la percepción de los residentes sobre la seguridad del agua con análisis de laboratorio de 11 fuentes, incluyendo agua embotellada, de grifo, de pozo y filtrada. La contaminación fecal contribuye a millones de casos de enfermedades diarreicas anualmente.

La paradoja del agua embotellada contaminada

La investigación de WSU, liderada por la Dra. Brooke Ramay, reveló que el agua embotellada en grandes bidones recargables era la más propensa a contener bacterias coliformes, indicativas de contaminación fecal. Específicamente, el agua embotellada mostró ser seis veces más probable de dar positivo para coliformes que otras fuentes.

Solo el 17% de las muestras de agua embotellada cumplía con los estándares de la OMS para agua potable segura. La Dra. Ramay, profesora asistente de investigación en la Facultad de Medicina Veterinaria de WSU, explicó: «El problema no suele ser cómo se embotella el agua, sino lo que sucede después». El almacenamiento inadecuado y la falta de limpieza de los dispensadores crean condiciones ideales para el crecimiento bacteriano.

Además de coliformes, se detectaron Escherichia coli (E. coli) en el 55% de todas las muestras y bacterias productoras de betalactamasas de espectro extendido (ESBL) en el 30%. Estas últimas, junto con las enterobacterias resistentes a carbapenémicos (CRE), son particularmente preocupantes por su resistencia a los antibióticos, un creciente desafío global de salud pública, como advierte la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Pozos municipales: la opción segura ignorada

Contrariamente a la percepción, los pozos municipales protegidos resultaron ser las fuentes de agua más limpias. Estas instalaciones comunitarias selladas y cloradas no mostraron contaminación por coliformes, E. coli, ESBL o CRE. Sin embargo, una vez que esta agua llegaba a los hogares a través de tuberías, la contaminación aumentaba drásticamente.

Más del 65% de las muestras de agua de grifo domésticas contenían bacterias coliformes. La Dra. Ramay enfatiza que las creencias sobre la seguridad del agua influyen directamente en el comportamiento. Si las personas confían en su fuente, es menos probable que tomen precauciones adicionales, como hervir el agua o limpiar los dispensadores, lo que facilita la proliferación de la contaminación bacteriana.

Los resultados de este estudio son un llamado de atención. Revelan una necesidad urgente de campañas de educación pública que aborden la verdadera seguridad del agua potable y fomenten prácticas de higiene adecuadas en el hogar. La confianza en el agua embotellada, sin una comprensión de los riesgos post-embotellado, puede estar poniendo en peligro a comunidades enteras.

Abordar esta desconexión entre la percepción y la realidad es crucial para mejorar la salud pública en Guatemala y en otras regiones con desafíos similares. Invertir en infraestructura segura y educar sobre el manejo del agua en casa son pasos fundamentales para garantizar que el agua que las personas beben sea realmente segura y libre de patógenos.