Una investigación reciente desafía la visión tradicional sobre la evolución humana, señalando que el carroñeo, lejos de ser un mero recurso de último momento, se posicionó como una estrategia de supervivencia fundamental que moldeó a nuestros ancestros. Estudios recientes, liderados por el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA) y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), sugieren que el aprovechamiento de carroña fue una táctica inteligente y constante a lo largo de nuestra historia evolutiva, proporcionando alimento rico en calorías con un esfuerzo mínimo, según ScienceDaily.

Este nuevo enfoque, detallado en la revista Journal of Human Evolution, desmantela la idea de que los primeros homínidos abandonaron rápidamente el carroñeo al mejorar sus habilidades de caza. En cambio, los hallazgos sugieren que esta práctica fue una constante a lo largo de la historia evolutiva humana, complementando la caza y la recolección de plantas. La capacidad de explotar cadáveres animales de manera eficiente, utilizando herramientas, fuego y cooperación, proporcionó una ventaja crucial.

Expertos como el Dr. Jordi Rosell, de la Universitat Rovira i Virgili e IPHES-CERCA, junto a la Dra. Maite Arilla, también de IPHES-CERCA, participaron en este estudio colaborativo. Su trabajo reúne a un grupo internacional de investigadores para ofrecer una perspectiva integral sobre cómo el carroñeo no solo fue una táctica válida, sino un pilar en la adaptación y expansión de nuestra especie.

Por qué el carroñeo fue una estrategia inteligente

Los investigadores enfatizan que el carroñeo ofreció beneficios claros y sostenibles a los primeros humanos. Encontrar y aprovechar los cadáveres de animales demandaba mucha menos energía que cazar presas vivas, y podía suministrar nutrientes esenciales en épocas de escasez. Durante periodos de hambruna, la carroña pudo ser una de las fuentes de alimento más fiables disponibles, según corroboran estudios ecológicos recientes.

Estos estudios demuestran que la carroña era más abundante y predecible de lo que se había asumido. Además, muchas especies carroñeras desarrollaron comportamientos para limitar su exposición a enfermedades, mitigando los riesgos asociados a esta dieta. Esta perspectiva subraya la sofisticación de la estrategia, lejos de ser un acto desesperado, sino una decisión adaptativa astuta en el entorno prehistórico.

Adaptaciones que hicieron del carroñeo una ventaja

La biología y el comportamiento humanos estaban singularmente adaptados para el carroñeo. El pH ácido del estómago humano, por ejemplo, actuaba como una defensa contra patógenos y toxinas. Este riesgo de infección se redujo aún más cuando nuestros ancestros comenzaron a usar el fuego para cocinar, una innovación que transformó la digestión y la seguridad alimentaria. Nuestra capacidad para recorrer largas distancias con un bajo gasto energético fue clave para localizar oportunidades de alimento.

Estas características, combinadas con la tecnología primitiva, otorgaron a los humanos una ventaja única en la búsqueda de carroña. Herramientas de piedra, incluso las más simples, y el desarrollo del lenguaje, hicieron posible coordinar esfuerzos grupales, localizar eficientemente los cadáveres y extraer recursos valiosos como carne, grasa y médula ósea. Así, el carroñeo operó en conjunto con la caza y la recolección, formando una estrategia alimentaria flexible y eficaz que impulsó la evolución humana.

En definitiva, la investigación actual reevalúa el papel del carroñeo, posicionándolo no como una etapa transitoria hacia la caza, sino como un componente constante y esencial para la supervivencia humana. Esta práctica complementó otros métodos de obtención de alimentos y jugó un papel central en la configuración de nuestra evolución, contribuyendo de manera significativa a definir lo que somos hoy. Comprender esta estrategia subestimada ofrece una visión más completa de la resiliencia y adaptabilidad de nuestros ancestros.