El colapso de la natalidad en China ha encendido las alarmas mundiales, con el país registrando apenas 7.92 millones de nacimientos en 2025, una caída drástica desde los 9.54 millones del año anterior. Esta cifra, revelada por un informe reciente, representa casi la mitad de las proyecciones iniciales tras el fin de la política de un hijo en 2016, y subraya la profundidad del declive demográfico que enfrenta la nación asiática.
La magnitud de este descenso es histórica, situando las cifras de natalidad de China en niveles comparables a los de 1738, cuando su población total rondaba los 150 millones. Este retroceso demográfico no solo amenaza la base laboral del gigante asiático, sino que también pone en jaque su ambición de superar a Estados Unidos como la principal economía mundial, según analistas económicos.
Los desafíos son múltiples, desde la escasez de mano de obra joven hasta una carga creciente sobre los sistemas de pensiones y salud. La velocidad y severidad de este cambio plantean una pregunta central: ¿Puede China revertir su declive demográfico, o está destinada a enfrentar un envejecimiento acelerado con profundas implicaciones globales?
Las raíces del declive y sus múltiples facetas
El abandono de la política de un hijo en 2016 no generó el repunte de natalidad esperado. Esto demuestra que el problema trasciende una única medida. Según Yi Fuxian, demógrafo de la Universidad de Wisconsin-Madison, en un análisis para Project Syndicate, el declive de la tasa de fertilidad era inevitable. Es como una roca rodando cuesta abajo.
Actualmente, el problema se agrava por múltiples factores. Entre ellos, destacan el elevado costo de vida en las ciudades, la intensa presión educativa sobre las familias y un cambio significativo en las aspiraciones profesionales y personales de las mujeres jóvenes. Estas dinámicas culturales y socioeconómicas actúan como fuertes desincentivos a la natalidad.
Estrategias de Pekín frente al envejecimiento poblacional
El gobierno chino ha implementado diversas medidas para contrarrestar el declive demográfico. Esto incluye incentivos económicos, como subsidios por nacimiento y apoyo a la vivienda para familias con más de un hijo. Además, se han mejorado los servicios de guardería y se han extendido los permisos de maternidad y paternidad, buscando aliviar la carga sobre los padres. Sin embargo, su impacto ha sido limitado.
Expertos del Instituto de Población de la Academia China de Ciencias Sociales señalan que estas políticas no abordan las causas subyacentes del problema. La urbanización acelerada y la competencia laboral exacerban la presión financiera. Por ejemplo, en ciudades como Shanghái, la crianza de un hijo puede consumir una parte desproporcionada de los ingresos familiares, dificultando la decisión de tener más descendencia.
La efectividad de las políticas de natalidad también se ve mermada por la persistencia de una cultura de hijo único arraigada durante décadas. Un estudio de la Universidad de Pekín en 2023 reveló que una parte considerable de la población joven no desea tener más de un hijo, o ninguno, a pesar de los incentivos. Esta mentalidad representa un obstáculo cultural considerable para revertir la tendencia.
Revertir el declive demográfico de China es una empresa de enormes proporciones, con soluciones a largo plazo y de incierta efectividad. El país se enfrenta a un futuro con una población cada vez más envejecida y una fuerza laboral menguante. Esto exigirá una profunda reestructuración económica y social. La capacidad de Pekín para adaptarse a esta nueva realidad definirá su trayectoria en las próximas décadas.












