Una creciente evidencia científica, consolidada en una revisión exhaustiva de Cochrane de 2026, sugiere que la actividad física puede aliviar los síntomas de la depresión con una eficacia comparable a la terapia psicológica. Este hallazgo posiciona el ejercicio y depresión como un binomio fundamental para la salud mental global, ofreciendo una opción accesible y de bajo costo para millones.
La depresión afecta a más de 280 millones de personas en todo el mundo, siendo una de las principales causas de discapacidad. Históricamente, el tratamiento se ha centrado en terapias psicológicas y medicación antidepresiva. Sin embargo, la investigación reciente amplía el espectro de opciones, destacando el potencial transformador del movimiento corporal.
Este enfoque no solo aborda los síntomas anímicos, sino que también promueve la salud física general, un beneficio adicional que no siempre se obtiene con otros tratamientos. La facilidad de acceso y el bajo costo del ejercicio lo convierten en una solución atractiva tanto para pacientes como para profesionales de la salud.
La evidencia: Ejercicio vs. terapia y antidepresivos
Un estudio publicado por ScienceDaily el 8 de enero de 2026, basándose en una revisión actualizada de Cochrane, destaca que el ejercicio regular puede reducir los síntomas depresivos con una eficacia similar a la terapia psicológica. Esta revisión, liderada por investigadores de la Universidad de Lancashire, analizó 73 ensayos controlados aleatorios con casi 5.000 adultos diagnosticados con depresión.
Los resultados mostraron que el ejercicio llevó a reducciones moderadas de los síntomas depresivos en comparación con la ausencia de tratamiento. Cuando se comparó con la terapia psicológica, el ejercicio produjo mejoras similares, respaldadas por evidencia de certeza moderada de diez ensayos. Las comparaciones con medicación antidepresiva también sugirieron efectos equiparables, aunque la evidencia de soporte fue limitada y de baja certeza.
El profesor Andrew Clegg, autor principal de la revisión, afirmó: «Nuestros hallazgos sugieren que el ejercicio parece ser una opción segura y accesible para ayudar a controlar los síntomas de la depresión.» Esto resalta el valor del ejercicio como una intervención práctica y con pocos riesgos para muchos pacientes.
Beneficios adicionales y el tipo de actividad más efectiva
La revisión de Cochrane indicó que la actividad de intensidad ligera a moderada podría ser más beneficiosa que los entrenamientos vigorosos. Las mayores mejoras en los síntomas depresivos se vincularon a la realización de entre 13 y 36 sesiones de ejercicio. Aunque ninguna forma particular de actividad superó claramente a otras, programas combinando resistencia y otros tipos parecieron más efectivos que solo ejercicio aeróbico.
En cuanto a la seguridad, los efectos secundarios reportados fueron poco comunes, principalmente lesiones musculares o articulares leves. Esto contrasta con los problemas gastrointestinales o fatiga asociados a los antidepresivos. Este perfil favorable, junto con los beneficios para la salud física, refuerza la posición del ejercicio como intervención holística.
Sin embargo, la revisión advierte sobre la necesidad de estudios más amplios y de alta calidad para determinar los beneficios a largo plazo y las modalidades más efectivas. La limitación del seguimiento post-tratamiento en muchos estudios impide conclusiones firmes sobre el impacto duradero del ejercicio en la depresión.
La integración del ejercicio como parte fundamental en el manejo de la depresión representa un avance significativo en la salud mental. Si bien no es una solución universal y se requieren más investigaciones sobre sus efectos a largo plazo, la evidencia actual respalda su papel como una herramienta poderosa, accesible y con mínimos efectos secundarios. Promover la actividad física no solo combate la depresión, sino que también empodera a los individuos en su camino hacia un bienestar integral.












