La estabilidad financiera global, cimentada por décadas en la primacía del dólar estadounidense como divisa de reserva, enfrenta un escrutinio sin precedentes. La erraticidad en el liderazgo de Washington y las tensiones geopolíticas recientes han transformado esta dependencia en una vulnerabilidad crítica, reavivando el debate sobre el futuro del dólar y la necesidad de un sistema multicurrency.

Desde los ataques a la Reserva Federal hasta políticas exteriores desestabilizadoras, la conducta de Estados Unidos ha puesto en tela de juicio el orden internacional de posguerra. Esta situación ha generado un momento propicio para reflexionar sobre las dinámicas que han mantenido la estabilidad del sistema monetario mundial durante el último medio siglo.

El ‘privilegio exorbitante’ del dólar, que permite a EE. UU. financiar sus déficits globales con su propia moneda, se ve desafiado por una creciente desconfianza. Expertos como Paola Subacchi, en un análisis para Project Syndicate, ya en enero de 2026, señalaban cómo esta dinámica se ha vuelto una vulnerabilidad.

El impacto de la fragmentación geopolítica en el dólar

Las sanciones económicas y la polarización global aceleran la búsqueda de alternativas al dólar. Países como China y Rusia han intensificado sus esfuerzos para comerciar en monedas locales o en divisas como el yuan, buscando reducir su exposición a la influencia estadounidense. Este movimiento no solo es económico, sino también una estrategia geopolítica para diversificar riesgos y afirmar soberanía.

Datos recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) muestran una lenta, pero constante, diversificación de las reservas de los bancos centrales. Aunque el dólar sigue siendo dominante, su participación en las reservas globales ha disminuido ligeramente en la última década, mientras que otras monedas ganan terreno, reflejando un cambio incipiente en la composición de los activos internacionales. (FMI)

Hacia un sistema monetario multicurrency

La idea de un sistema multicurrency, donde varias divisas fuertes compiten por el estatus de reserva, gana adeptos. El euro, el yen japonés, la libra esterlina y, cada vez más, el yuan chino, se perfilan como componentes clave de este nuevo orden. Sin embargo, la transición no es sencilla y requiere marcos institucionales robustos y confianza mutua entre las naciones.

La implementación de un sistema de estas características implicaría desafíos significativos, como la coordinación de políticas monetarias entre bancos centrales y la gestión de la volatilidad cambiaria. Un informe del Banco de Pagos Internacionales (BIS) sugiere que, si bien la tecnología podría facilitar la interoperabilidad, la voluntad política es el factor determinante en esta evolución. (BIS)

Aunque el dólar no desaparecerá de la noche a la mañana, su posición hegemónica enfrenta una erosión gradual impulsada por la geopolítica y la búsqueda de mayor resiliencia financiera. La vida después del dólar no implica su fin, sino la emergencia de un panorama monetario más complejo y diversificado, donde la estabilidad global dependerá de una cooperación internacional más profunda y de la adaptabilidad a nuevas realidades económicas.