El ex presidente Donald Trump, al normalizar la predación territorial y utilizar la política exterior para el enriquecimiento personal, ha puesto en riesgo la economía y la credibilidad de Estados Unidos. Sus recientes amenazas de anexión y acción militar en varias regiones del mundo redefinen las relaciones internacionales.

Esta postura, que recuerda a los ‘barones ladrones’ del siglo XIX, sugiere un enfoque transaccional y unilateral que socava décadas de diplomacia. La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, por ejemplo, fue seguida por amenazas a Cuba y Colombia, según un análisis de Project Syndicate.

Más preocupante aún, Trump ha explorado la posibilidad de adquirir Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca, un aliado clave de la OTAN. Estas acciones, fechadas en un artículo del 20 de enero de 2026 en Project Syndicate, generan incertidumbre en la geopolítica global y cuestionan los principios de soberanía.

El impacto geopolítico del imperialismo de Trump

Las implicaciones de este enfoque son profundas. La normalización de la anexión territorial y el uso de la fuerza para intereses nacionales directos erosionan el orden internacional basado en reglas. Esto puede incentivar a otras potencias a seguir un camino similar, desestabilizando regiones ya volátiles.

Analistas señalan que la credibilidad de Estados Unidos como defensor de la democracia y la soberanía se debilita. Un estudio del Council on Foreign Relations de 2023 destacó cómo la percepción de unilateralismo afecta las alianzas tradicionales y la capacidad de Washington para liderar.

Además, la política exterior como vehículo de enriquecimiento personal, donde los acuerdos se ven a través de una lente de beneficio individual o corporativo, puede generar conflictos de interés severos. Esto compromete la integridad de las decisiones estratégicas y la confianza de los socios comerciales.

Riesgos económicos y la economía de EE. UU.

La inestabilidad geopolítica resultante del imperialismo de Trump tiene un costo económico directo. Las interrupciones en las cadenas de suministro globales, la volatilidad del mercado energético y la disminución de la inversión extranjera directa son riesgos tangibles. Un informe del Fondo Monetario Internacional de abril de 2024 advirtió sobre la fragilidad de la recuperación económica global ante tensiones políticas.

La erosión de la confianza en los tratados y acuerdos internacionales también afecta el comercio. Las empresas estadounidenses que dependen de un entorno global estable enfrentan mayores incertidumbres. Esto puede llevar a decisiones de inversión cautelosas y a una reducción del crecimiento económico a largo plazo.

La amenaza de aranceles punitivos o la confiscación de activos en el extranjero, acciones que Trump ha considerado, desincentivan la inversión. Esto no solo perjudica a los socios comerciales, sino que también puede provocar represalias que dañen directamente a los consumidores y productores estadounidenses.

La visión de un imperialismo de Trump, caracterizado por la predación territorial y el interés propio, representa un desafío fundamental para el futuro de la política exterior estadounidense. Su impacto podría ser irreversible, alterando el equilibrio de poder y la prosperidad global de maneras aún no totalmente comprendidas.

Es crucial que tanto demócratas como republicanos aborden estas implicaciones. La defensa de un orden internacional estable y el respeto a la soberanía son pilares para la seguridad y la economía de Estados Unidos. Ignorar estas tendencias significaría heredar un mundo más volátil y menos predecible.