En 2025, los océanos de la Tierra establecieron un nuevo y preocupante récord, absorbiendo una cantidad asombrosa de calor del exceso de energía en la atmósfera. Este fenómeno, documentado por un extenso esfuerzo de investigación internacional, tiene profundas implicaciones globales, desde la intensificación de tormentas hasta el aumento del nivel del mar. La capacidad del océano para capturar calor lo convierte en un indicador crucial del cambio climático a largo plazo.
El constante incremento de la temperatura oceánica es una señal inconfundible de la crisis climática que enfrentamos. Desde la década de 1990, esta acumulación de calor se ha acelerado, empujando los impactos climáticos a nuevos extremos. Si bien las temperaturas superficiales pueden fluctuar anualmente, la tendencia a largo plazo del calentamiento oceánico no muestra signos de desaceleración, según un informe publicado en enero de 2026.
Según la prestigiosa publicación ScienceDaily.com, el análisis de este fenómeno fue publicado el 9 de enero en la revista Advances in Atmospheric Sciences. Los hallazgos, basados en el trabajo de más de 50 científicos de 31 instituciones, revelaron que el océano ganó aproximadamente 23 Zettajoules de calor solo en 2025, una cantidad de energía equivalente a unos 37 años del uso total de energía primaria global en 2023.
El rol central del océano en el calentamiento global
El océano funciona como el principal sumidero de calor del planeta, absorbiendo más del 90% del calor adicional atrapado por los gases de efecto invernadero. Debido a esto, el contenido calorífico oceánico (OHC) ofrece una de las mediciones más claras y fiables del cambio climático a largo plazo, reflejando cuánta energía ha acumulado el planeta con el tiempo. Para evaluar este calentamiento, los investigadores reunieron múltiples conjuntos de datos independientes de importantes centros científicos internacionales.
Estos datos incluyeron productos de observación del Instituto de Física Atmosférica de la Academia China de Ciencias, Copernicus Marine y NOAA/NCEI, junto con un reanálisis oceánico conocido como CIGAR-RT. Todas estas fuentes, que abarcan Asia, Europa y América, apuntan a la misma conclusión: el contenido calorífico oceánico en 2025 alcanzó el nivel más alto jamás observado, confirmando una ganancia constante de calor. Es importante destacar que el calentamiento no es uniforme; regiones como los océanos tropicales, el Atlántico Sur y el Pacífico Norte experimentaron un calentamiento más pronunciado.
Consecuencias directas y el futuro del clima
El aumento del calor oceánico en 2025, que marcó el noveno año consecutivo de récords, tiene efectos directos en los patrones climáticos globales. La temperatura superficial media anual del mar en 2025 se situó como la tercera más cálida registrada instrumentalmente, aproximadamente 0,5 °C por encima del promedio de 1981-2010. Estas temperaturas, aunque ligeramente inferiores a las de 2023 y 2024 debido al cambio de El Niño a La Niña, siguen siendo alarmantes.
Las temperaturas más cálidas de la superficie del mar intensifican la evaporación y las precipitaciones, haciendo que las tormentas sean más potentes y los fenómenos meteorológicos extremos más probables. En 2025, estos efectos contribuyeron a graves inundaciones en el sudeste asiático, una sequía prolongada en Oriente Medio e inundaciones en México y el noroeste del Pacífico. A medida que el océano continúa calentándose, las consecuencias se extienden por todo el sistema climático, incluyendo el aumento del nivel del mar por expansión térmica y la intensificación de las olas de calor.
Mientras la Tierra siga absorbiendo más energía de la que libera, el contenido calorífico oceánico continuará aumentando, y nuevos récords serán establecidos. Comprender la magnitud de esta absorción de calor es fundamental para anticipar y mitigar los impactos del cambio climático, que se manifiestan de manera cada vez más evidente en eventos meteorológicos extremos y alteraciones de los ecosistemas marinos.










