El océano, durante mucho tiempo considerado un actor secundario en las discusiones sobre el cambio climático, ha emergido finalmente como un pilar central en la agenda global. Este giro decisivo, evidenciado por el enfoque significativo en soluciones oceánicas durante la COP30, subraya una comprensión crucial: el destino climático del planeta está intrínsecamente ligado a la salud de sus vastas aguas.
Históricamente, la política climática global centró sus esfuerzos casi exclusivamente en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la conservación de bosques. El océano, percibido como demasiado inmenso para gestionar y demasiado resiliente para degradar, quedó en un segundo plano, una perspectiva que hoy se revela errónea y peligrosa.
La inercia de esta visión comenzó a disiparse a medida que la ciencia reveló la magnitud de la absorción de calor y carbono por parte de los océanos, y el impacto devastador de la acidificación y el aumento del nivel del mar. La necesidad de una gobernanza oceánica robusta se ha vuelto innegable, exigiendo nuevas estructuras y una inversión sin precedentes para salvaguardar este sistema planetario vital.
El impacto de la COP30 en la agenda oceánica
La Conferencia de las Partes (COP30) marcó un antes y un después para la inclusión del océano en el debate climático global. Por primera vez, las soluciones basadas en el océano no solo captaron una atención considerable, sino que también atrajeron inversiones significativas, reflejando un consenso creciente entre líderes y científicos. Según un análisis de Project Syndicate, esta edición de la COP solidificó la idea de que «el destino climático del mundo depende de lo que le suceda al océano», como señaló Kilaparti Ramakrishna.
Este cambio paradigmático se fundamenta en la comprensión de que los océanos son reguladores climáticos cruciales. Absorben más del 90% del exceso de calor generado por las emisiones humanas y aproximadamente un cuarto del dióxido de carbono anual, mitigando los efectos del calentamiento global. Sin embargo, esta capacidad tiene un costo, manifestado en el blanqueamiento de corales, la acidificación de las aguas y la alteración de ecosistemas marinos.
La atención en la COP30 se dirigió hacia diversas estrategias, desde la protección de manglares y arrecifes de coral hasta el desarrollo de energías renovables marinas y la gestión sostenible de la pesca. Un informe reciente de la Plataforma Oceánica de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible destaca que las soluciones oceánicas podrían contribuir hasta un 21% a la reducción de emisiones necesarias para cumplir el objetivo de 1.5°C del Acuerdo de París para 2050.
Desafíos y el camino hacia una gobernanza oceánica efectiva
A pesar de los avances vistos en la COP30, la integración efectiva de las soluciones oceánicas en las políticas climáticas enfrenta desafíos considerables. La vastedad y la complejidad de los ecosistemas marinos requieren marcos de gobernanza transnacionales robustos, que a menudo carecen de la financiación y la coordinación necesarias. La sobrepesca, la contaminación por plásticos y la minería de aguas profundas continúan amenazando la salud del océano, incluso mientras se discuten soluciones climáticas.
Expertos como la Dra. Sylvia Earle, oceanógrafa y exploradora, han advertido repetidamente sobre la urgencia de proteger las «zonas de esperanza» del océano. Según National Geographic, la salud de los océanos es un indicador directo de la salud del planeta, y su deterioro impacta directamente en la seguridad alimentaria y el bienestar de millones de personas que dependen de ellos.
Para avanzar, es imperativo establecer estructuras de gobernanza que no solo regulen las actividades humanas, sino que también fomenten la investigación científica y la innovación. Esto incluye la creación de más áreas marinas protegidas, la implementación de tecnologías de monitoreo avanzadas y la promoción de la diplomacia oceánica para resolver disputas transfronterizas. La financiación, tanto pública como privada, será clave para escalar estas iniciativas y asegurar que el compromiso post-COP30 se traduzca en acciones concretas.
La inclusión del océano en el debate climático global representa un paso fundamental hacia una estrategia ambiental más holística y efectiva. Si bien la COP30 sentó bases prometedoras, el verdadero desafío reside en transformar la atención y la inversión inicial en políticas coherentes y acciones sostenibles a largo plazo. Solo así podremos asegurar que este actor vital del sistema terrestre no solo sea reconocido, sino también debidamente protegido para las generaciones futuras.












