La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por la administración Trump, según un análisis de Daron Acemoglu en Project Syndicate, marca un punto de inflexión para el derecho y el orden internacional. Este evento subraya la fragilidad de la estructura global que, por décadas, ha buscado estabilidad a través de normas compartidas. ¿Qué futuro le espera al orden internacional basado en reglas después de episodios como este?
La acción en Venezuela no es un hecho aislado, sino la culminación de una tendencia creciente hacia el unilateralismo, donde las grandes potencias priorizan intereses nacionales por encima de los consensos multilaterales. Este patrón desdibuja las líneas de lo permisible en las relaciones entre estados soberanos.
Desde el fin de la Guerra Fría, se ha erosionado la confianza en las instituciones que sustentan el orden global. La intervención estadounidense en Panamá en 1989 contra Manuel Noriega, también bajo cargos de narcotráfico, ya prefiguraba desafíos a la soberanía, aunque el contexto geopolítico era distinto. Hoy, la situación es más compleja, con múltiples actores y una interconexión sin precedentes.
El declive de los principios y el derecho internacional
El concepto de un orden internacional basado en reglas se forjó tras la Segunda Guerra Mundial, buscando evitar conflictos catastróficos mediante la adhesión a tratados, convenciones y el respeto a la soberanía. Instituciones como las Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional fueron pilares de esta visión. Sin embargo, la percepción de que estas reglas son selectivamente aplicadas o ignoradas por quienes más se benefician de ellas ha crecido.
Daron Acemoglu, en su artículo de enero de 2026 para Project Syndicate, argumenta que al abandonar la pretensión de defender la democracia o los derechos humanos con la intervención en Venezuela, la administración Trump «se quitó la máscara» y demostró la insostenibilidad del orden global liderado por Estados Unidos. Esto resalta una crisis de legitimidad que socava la cooperación y la confianza mutua.
Según un informe de la Carnegie Endowment for International Peace de 2023, la fragmentación geopolítica y la competencia entre grandes potencias están redefiniendo las esferas de influencia, lo que debilita aún más el respeto por las normas establecidas. La falta de consenso en temas críticos, desde el cambio climático hasta la ciberseguridad, evidencia esta realidad.
Hacia una reconfiguración: ¿Es posible un nuevo consenso?
Reconstruir la idea de unas relaciones internacionales basadas en reglas requerirá, como sugiere Acemoglu, una nueva base filosófica. Esto implica un diálogo global más inclusivo, donde no solo las potencias tradicionales dicten las normas, sino que se incorporen las perspectivas de países emergentes y en desarrollo. La legitimidad de cualquier nuevo orden dependerá de su equidad y representatividad.
Expertos del Council on Foreign Relations señalan que el futuro podría implicar un sistema multipolar donde diferentes bloques regionales desarrollen sus propias interpretaciones de las normas internacionales, lo que podría generar tanto nuevas oportunidades de cooperación como riesgos de fricción. La diplomacia multilateral y la resolución pacífica de disputas son más cruciales que nunca.
La transparencia y la rendición de cuentas son esenciales para restaurar la fe en el sistema. Los estados deben adherirse a los principios que promueven, evitando la doble moral que mina la credibilidad. Solo así se podrá forjar un consenso duradero que aborde los desafíos globales de manera efectiva.
El camino a seguir para el orden internacional basado en reglas es incierto, pero la necesidad de un marco que promueva la estabilidad y la cooperación es innegable. La reevaluación de sus fundamentos, impulsada por eventos como la intervención en Venezuela, ofrece una oportunidad para construir un sistema más resiliente y equitativo. El éxito dependerá de la voluntad política para priorizar principios compartidos sobre los intereses puramente nacionales.












