El segundo mandato presidencial de Donald Trump ha desvelado una reconfiguración radical de la política exterior estadounidense, cimentada en lo que se ha descrito como el orden mundial hobbesiano de Trump. Esta visión prioriza la fuerza y la voluntad del poderoso sobre las normas internacionales, marcando un giro profundo en las relaciones globales. La operación en Venezuela, por ejemplo, ilustra esta nueva postura.

La doctrina «America First», que inicialmente parecía una inclinación aislacionista, se ha transformado en una estrategia de poder explícita. Estados Unidos, bajo esta lente, busca extraer ventajas de aquellos a quienes percibe como más débiles. Esta aproximación unilateral tiene consecuencias significativas para la estabilidad geopolítica y el futuro del derecho internacional, según análisis recientes.

Expertos como Shlomo Ben-Ami, en un comentario publicado en Project Syndicate el 8 de enero de 2026, sugieren que la intervención estadounidense en Venezuela no solo valida acciones previas de otras potencias, sino que también invita a futuras violaciones del derecho internacional. Esto crea un precedente peligroso para la soberanía de las naciones.

La postura de Washington, particularmente con la operación en Venezuela, ha sido interpretada por muchos analistas como una invitación abierta a otras potencias para emular comportamientos similares. Así, la intervención estadounidense podría, paradójicamente, haber legitimado la invasión rusa de Ucrania o una potencial acción de China sobre Taiwán. Esto desmantela décadas de esfuerzos por construir un orden internacional basado en reglas.

El impacto en la arquitectura de seguridad global

El enfoque del orden mundial hobbesiano de Trump desestabiliza las alianzas tradicionales y socava las instituciones multilaterales. La confianza en acuerdos internacionales y tratados se erosiona cuando una potencia dominante actúa sin restricciones, priorizando sus intereses nacionales inmediatos sobre la cooperación global. Esto genera un vacío donde la ley del más fuerte prevalece.

Esta dinámica obliga a potencias emergentes y establecidas, como Alemania, India y Japón, a reevaluar sus propias estrategias de seguridad y diplomacia. La necesidad de afirmar y hacer cumplir las reglas de conducta en un entorno tan volátil se vuelve imperativa. Según un análisis del Council on Foreign Relations sobre conflictos globales, la inestabilidad ha aumentado en varias regiones clave.

Desafíos para el derecho internacional y la diplomacia

La administración Trump ha demostrado una voluntad de desafiar normas que antes eran consideradas sacrosantas, desde acuerdos climáticos hasta pactos nucleares. Este patrón de comportamiento, donde la conveniencia prima sobre la consistencia, genera incertidumbre y dificulta la resolución de crisis internacionales. La diplomacia tradicional, basada en el diálogo y el consenso, pierde terreno.

La redefinición de «America First» como una licencia para la coerción, en lugar de una retirada, implica que el mundo debe prepararse para una era de acciones militares unilaterales y presiones económicas sin precedentes. Un informe del Carnegie Endowment for International Peace subraya cómo el derecho internacional enfrenta su mayor desafío en décadas.

La comunidad internacional se encuentra en una encrucijada, donde la adhesión a un sistema basado en reglas se opone a una realidad donde el poder crudo dicta las acciones. Las implicaciones a largo plazo para la paz y la seguridad mundiales son profundas, exigiendo una respuesta coordinada para evitar un retorno completo a la anarquía hobbesiana.

El establecimiento del orden mundial hobbesiano de Trump representa un cambio tectónico en la política exterior estadounidense, con repercusiones que van más allá de un solo mandato. La erosión de las normas internacionales y el énfasis en el poder unilateral plantean un futuro incierto para la gobernanza global. La capacidad de las naciones para reafirmar un marco de reglas será crucial para mitigar los riesgos de una era de competencia sin restricciones.