Desde enero de 2026, la presidencia francesa del G7 prioriza los desequilibrios globales, incluyendo déficits y excedentes. Esta agenda revive el debate de 2006 sobre tensiones económicas.

Estos desequilibrios se refieren a las grandes brechas entre lo que un país ahorra e invierte, manifestándose en déficits persistentes, como el de Estados Unidos, y grandes excedentes, como los de China o Alemania. Históricamente, han sido fuente de fricción comercial y volatilidad financiera, impulsando debates sobre proteccionismo y manipulación monetaria, lo que puede desestabilizar el sistema económico global.

La preocupación actual, como señala un comentario de Barry Eichengreen en Project Syndicate, fechado el 12 de enero de 2026, sugiere que estas tensiones están resurgiendo. La atención del G7 no es casual; refleja un entorno post-pandémico con inflación elevada, crisis energética y cadenas de suministro frágiles, donde la cooperación económica es crucial.

La relevancia de este enfoque radica en la interconexión de las economías. Un desequilibrio significativo en una nación puede tener efectos dominó a nivel mundial, afectando tasas de interés, tipos de cambio y flujos de inversión. Abordar estos problemas es fundamental para promover una recuperación sostenible y evitar que las tensiones económicas escalen a conflictos comerciales más amplios.

Los desequilibrios globales y sus raíces actuales

Las raíces de los desequilibrios globales son multifacéticas. En Estados Unidos, un consumo robusto y un ahorro doméstico insuficiente contribuyen a su déficit de cuenta corriente. Por otro lado, economías como China mantienen altos excedentes debido a políticas orientadas a la exportación y tasas de ahorro elevadas, mientras que Alemania se beneficia de su competitividad exportadora dentro de la Eurozona.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), estos patrones pueden distorsionar los flujos de capital, llevando a una asignación ineficiente de recursos a nivel global. Un reciente análisis del FMI sobre perspectivas económicas subraya cómo las políticas fiscales y monetarias divergentes exacerban estas brechas, especialmente tras los estímulos de la pandemia.

Además, la globalización ha intensificado estos fenómenos. Las cadenas de suministro complejas y la facilidad del movimiento de capitales permiten que los desequilibrios globales persistan por más tiempo, aunque con el riesgo de ajustes más abruptos. Un análisis del Banco Mundial sobre flujos de capital de principios de 2024 ilustra cómo estas dinámicas impactan el desarrollo, mostrando la interconexión global.

Implicaciones para la estabilidad económica mundial

El resurgimiento de los desequilibrios globales conlleva serios riesgos para la estabilidad. Pueden alimentar el proteccionismo, como se vio en las guerras comerciales recientes, y provocar devaluaciones competitivas de monedas, afectando el comercio internacional y la confianza de los inversores. La acumulación de deuda externa en países deficitarios también representa una vulnerabilidad financiera.

Expertos como Carmen Reinhart, de la Universidad de Harvard, han advertido sobre cómo los grandes déficits pueden aumentar la susceptibilidad a crisis financieras. Un estudio del Banco de Pagos Internacionales de finales de 2023 destacó que la interconexión de las economías hace que un shock en una región pueda propagarse rápidamente si los fundamentos económicos no son sólidos.

La falta de una gobernanza global efectiva para gestionar los desequilibrios globales es otro factor de riesgo. Aunque el G7 y el G20 discuten estas cuestiones, la implementación de medidas correctivas a menudo choca con intereses nacionales. Según la Organización Mundial del Comercio, la proliferación de barreras no arancelarias es un síntoma de estas tensiones latentes.

La renovada atención del G7 a los desequilibrios globales es un recordatorio de que la prosperidad económica global depende de la coordinación y el equilibrio. Las soluciones requerirán un compromiso concertado para abordar las políticas fiscales, monetarias y estructurales que los alimentan, buscando un crecimiento más equitativo. El desafío será determinar si esta vez se logrará un consenso efectivo para evitar futuras crisis.