Casi la totalidad de las mujeres que cursan posgrados en campos STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) reportan sentir el síndrome del impostor, una experiencia psicológica donde el éxito se atribuye a la suerte, no a la habilidad. Un impactante 97.5% de ellas experimenta niveles moderados o altos, según una reciente investigación de la Universidad de Binghamton.

Este fenómeno, distinto de la baja autoestima o la depresión, implica una persistente duda de uno mismo, a pesar de pruebas objetivas de logros significativos. Las afectadas suelen desestimar sus méritos, temiendo ser ‘descubiertas’ como incompetentes o no merecedoras de su éxito en cualquier momento.

La investigación subraya cómo esta mentalidad impacta la salud mental, el agotamiento y la consideración de abandonar sus estudios, un desafío crítico para la diversidad y el avance en los cruciales campos de la ciencia y la tecnología.

La prevalencia del síndrome del impostor en STEM

El síndrome del impostor se manifiesta como la creencia de ser un fraude intelectual, incluso cuando existe una fuerte evidencia de éxito. Jiyun Elizabeth Shin, investigadora de psicología en la Universidad de Binghamton y autora principal del estudio, publicado en el Journal Social Psychology of Education, destaca que las personas afectadas “creen que otros sobreestiman sus habilidades e inteligencia, y temen que algún día sean expuestas como incompetentes y no merecedoras de su éxito”.

La magnitud de este sentimiento es casi universal entre las mujeres en programas de posgrado STEM, alcanzando un 97.5% con niveles moderados o superiores de impostorismo, según informó ScienceDaily en enero de 2026. Esta cifra podría ser aún mayor para mujeres con múltiples identidades marginadas, como las mujeres de color.

La razón por la que el éxito se percibe como suerte radica en cómo las personas interpretan sus logros. En lugar de aceptar que sus habilidades y esfuerzo son la causa, atribuyen sus éxitos a factores externos como la casualidad, el buen momento o la ayuda de otros. Estereotipos persistentes, que sugieren erróneamente una menor capacidad intelectual de las mujeres en ciencia y tecnología, exacerban estos sentimientos, dificultando la internalización de sus propios logros y el avance profesional.

Consecuencias y caminos para el cambio

Las implicaciones del síndrome del impostor van más allá de la mera autopercepción. La investigación de Shin vincula directamente esta experiencia con un deterioro de la salud mental general, un mayor agotamiento y un aumento en la consideración de abandonar los estudios entre las mujeres en STEM. Una mentalidad fija, la creencia de que la inteligencia y la habilidad son rasgos inmutables, también se conecta con estos sentimientos.

Cuando las personas creen que no pueden crecer o mejorar, los contratiempos se convierten en prueba de que nunca merecieron el éxito. Por ejemplo, un revés en un proyecto de investigación puede ser interpretado no como una oportunidad de aprendizaje, sino como la confirmación de su ‘fraude’. Para abordar esta problemática, es crucial fomentar un entorno de apoyo y promover una visión más flexible de la inteligencia y la capacidad.

Hablar abiertamente sobre el síndrome del impostor es un paso fundamental. Aunque es común entre personas de alto rendimiento, el silencio puede intensificar el estrés y el aislamiento. Más investigación es necesaria para identificar estrategias efectivas, pero el apoyo social y la creación de comunidades inclusivas pueden ser herramientas poderosas para mitigar estos miedos y proteger el bienestar emocional.