El Telescopio Espacial James Webb (Webb) ha capturado una imagen asombrosa de la nebulosa Hélice. Revela con detalle sin precedentes el dramático final de una estrella moribunda. Esta vista infrarroja, publicada el 26 de enero de 2026 por ESA/Webb, ofrece una perspectiva íntima de cómo una estrella expulsa sus capas, crucial para el ciclo de vida cósmico y la formación de nuevos planetas.
Conocida como el «Ojo de Dios» por su apariencia distintiva, la nebulosa Hélice es una de las nebulosas planetarias más cercanas a la Tierra, a unos 650 años luz en la constelación de Acuario. Su proximidad la convierte en un laboratorio invaluable para astrónomos. Permite estudiar las etapas finales de estrellas similares a nuestro propio Sol. Las observaciones previas ofrecieron vislumbres importantes, pero la capacidad infrarroja del Webb transforma nuestra comprensión, revelando detalles sin precedentes del proceso.
La capacidad del Webb para penetrar el polvo y el gas en longitudes de onda infrarrojas ha permitido a los científicos observar estructuras antes invisibles en la nebulosa Hélice. Ofrece una ventana a los procesos complejos que dan forma a estas estructuras cósmicas. Este nuevo retrato no solo embellece el catálogo celeste, sino que profundiza la ciencia detrás de la muerte estelar y la génesis de materiales para futuras generaciones de estrellas y planetas, un campo de estudio crucial para la astrofísica moderna.
El dramático espectáculo de la nebulosa Hélice por Webb
La imagen de la nebulosa Hélice por Webb revela nudos de gas densos con colas similares a cometas, formados por vientos estelares feroces que chocan contra capas de material más antiguo. Estos vientos rápidos y extremadamente calientes, provenientes de la estrella moribunda, impactan contra el polvo y gas liberados anteriormente. Las colisiones esculpen la nebulosa, creando su intrincada y texturizada apariencia, como detalla un informe de ScienceDaily sobre este descubrimiento.
Las observaciones del Webb, especialmente con su cámara NIRCam (Near-Infrared Camera), ponen de manifiesto una clara transición del gas más caliente cerca del centro a material mucho más frío en las regiones exteriores. Esta gradación de temperatura se traduce en un espectro de colores en la imagen: los tonos azules indican el gas más caliente, mientras que los amarillos y rojos marcan regiones más frías donde se forman moléculas complejas, esenciales para la formación planetaria y la vida misma.
Un vistazo al destino de nuestro Sol y la formación de mundos
La nebulosa Hélice ofrece una previsualización del destino distante de nuestro propio Sol. Al igual que la estrella central de la Hélice, el Sol eventualmente se convertirá en una enana blanca después de expulsar sus capas exteriores. Este material estelar, una vez parte de la estrella, es devuelto al espacio. Allí, puede contribuir a la formación de nuevas estrellas y sistemas planetarios, cerrando un ciclo cósmico fundamental en el universo.
Los científicos del Telescopio Espacial James Webb han destacado que en las regiones más frías y protegidas de las nubes de polvo de la nebulosa, comienzan a formarse moléculas más complejas. Estos compuestos son los bloques de construcción básicos que, con el tiempo, podrían ayudar a edificar nuevos planetas en otros sistemas estelares, un proceso fascinante que nos conecta con el origen de todo.
Las detalladas imágenes del Telescopio Espacial James Webb de la nebulosa Hélice no solo nos asombran con su belleza cósmica, sino que también reafirman el papel vital de la muerte estelar en la renovación del universo. Al estudiar este fenómeno tan cercano, los científicos no solo comprenden mejor el ciclo de vida estelar, sino que también obtienen pistas cruciales sobre cómo los elementos esenciales se dispersan para dar origen a nuevos mundos, incluidos los que podrían albergar vida, un tema central para la ciencia. Este trabajo con el Webb continúa expandiendo los límites de nuestra comprensión del cosmos.









