Una nueva investigación de la Universidad de Birmingham revela que las expresiones emocionales en personas autistas y no autistas difieren significativamente, sugiriendo que los malentendidos son bidireccionales. Publicado en la revista Autism Research en enero de 2026, el estudio redefine la comprensión de cómo se comunican las emociones, desafiando percepciones anteriores. Los hallazgos indican que las diferencias faciales no son un déficit, sino un «lenguaje» emocional distinto.
Durante mucho tiempo, las dificultades en la interacción social de las personas con autismo se han atribuido a una supuesta deficiencia en su capacidad para expresar o comprender emociones. Sin embargo, este trabajo innovador propone una perspectiva diferente: las personas autistas simplemente utilizan sus rostros de maneras distintas para manifestar sentimientos como la ira, la alegría o la tristeza. Esta visión resitúa el problema de la comunicación emocional como un desafío mutuo, no unilateral.
El estudio, que incluyó a 25 adultos autistas y 26 no autistas, representa uno de los análisis más detallados hasta la fecha sobre los movimientos faciales emocionales. Los investigadores de la Universidad de Birmingham registraron más de 265 millones de puntos de datos usando seguimiento avanzado del movimiento facial. Este enfoque permitió mapear con precisión las dinámicas sutiles que distinguen las expresiones entre ambos grupos, generando casi 5000 expresiones faciales.
Diferencias en el mapa facial de las emociones
El equipo pidió a los participantes que expresaran ira, felicidad y tristeza en dos contextos: mientras hacían coincidir movimientos faciales con sonidos y mientras hablaban. Las divergencias observadas en las expresiones emocionales fueron claras. Los participantes autistas mostraron una gama más amplia de expresiones únicas, lo que a menudo resultaba menos familiar para los observadores no autistas, como detalla el informe de ScienceDaily.
Las diferencias específicas en las expresiones faciales fueron notables. Para la ira, los participantes autistas tendían a depender más de los movimientos de la boca y menos de las cejas en comparación con sus pares no autistas. En la felicidad, mostraron una sonrisa más sutil que no «llegaba a los ojos» de la misma forma. Respecto a la tristeza, crearon una expresión de desaprobación levantando el labio superior más que los participantes no autistas.
Estos patrones sugieren que no hay una falta de emoción, sino una codificación diferente. El Dr. Connor Keating, quien lideró la investigación en Birmingham y ahora está en el Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford, explicó que las diferencias van más allá de la apariencia. «Nuestros hallazgos sugieren que las personas autistas y no autistas difieren no solo en la apariencia de las expresiones faciales, sino también en la fluidez con que se forman», afirmó Keating.
Alexitimia y el desafío bidireccional de la comprensión
El estudio también exploró el papel de la alexitimia, una condición sub-clínica común en el autismo que implica dificultades para identificar y describir las propias emociones. Las personas con mayores niveles de alexitimia mostraron expresiones faciales menos definidas para la ira y la felicidad, lo que las hacía parecer más ambiguas, complicando aún más la interpretación.
La profesora Jennifer Cook, autora principal del estudio en la Universidad de Birmingham, enfatizó que estas diferencias no deben verse como un déficit. «Las personas autistas y no autistas pueden expresar emociones de maneras diferentes pero igualmente significativas, casi como si hablaran idiomas distintos», señaló Cook. Lo que se ha interpretado como dificultades para las personas autistas podría reflejar un desafío bidireccional para comprender las expresiones del otro.
La investigación, apoyada por el Medical Research Council (MRC) del Reino Unido y el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea, sienta las bases para una comprensión más inclusiva de la comunicación emocional. Este cambio de paradigma es crucial para desarrollar estrategias de interacción más efectivas y empáticas, reconociendo la validez de múltiples «lenguajes» emocionales.
Este nuevo enfoque no solo mejora nuestra comprensión del autismo, sino que también fomenta una mayor apreciación de la diversidad en la expresión humana. Los investigadores continúan explorando esta idea, prometiendo más actualizaciones que podrían transformar la forma en que abordamos la interacción social y la educación emocional en el futuro, promoviendo una sociedad más inclusiva.












