Astrónomos observaron un objeto brillante cerca de la estrella Fomalhaut, creyendo que era un exoplaneta. Nuevas investigaciones revelan que lo que parecía un planeta era una masiva colisión espacial, una nube de escombros de planetesimales. Esto desafía la frecuencia de eventos violentos en sistemas jóvenes.
El sistema de Fomalhaut, a solo 25 años luz de la Tierra y con unos 440 millones de años, funciona como un laboratorio natural para estudiar las primeras etapas de la formación planetaria. Durante décadas, los científicos han monitoreado esta estrella, que refleja lo que pudo haber sido nuestro propio sistema solar en su juventud.
Los hallazgos, publicados en la revista Science, sugieren que los impactos colosales entre objetos de gran tamaño podrían ser mucho más comunes de lo que se pensaba. Los astrónomos han identificado evidencia de dos de estas colisiones en Fomalhaut en apenas dos décadas, en 2004 y 2023.
Cuando las nubes de polvo imitan planetas
La historia de Fomalhaut b es un ejemplo fascinante. En 2008, el Telescopio Espacial Hubble (HST) capturó un objeto brillante cerca del disco de escombros de Fomalhaut, que fue catalogado como el primer exoplaneta directamente fotografiado en longitudes de onda ópticas. Sin embargo, este «planeta» ha desaparecido lentamente desde entonces.
Paul Kalas, profesor adjunto de astronomía en la Universidad de California, Berkeley, y autor principal del estudio, explicó que «es un fenómeno nuevo, una fuente puntual que aparece en un sistema planetario y luego, durante 10 años o más, desaparece lentamente». Esta observación llevó a la conclusión de que Fomalhaut b no era un planeta, sino una nube de polvo generada por una colisión.
La capacidad de una nube de escombros para «enmascararse como un planeta» radica en su apariencia como un punto diminuto y brillante orbitando una estrella. Según el informe de ScienceDaily.com, los científicos estiman que los cuerpos que colisionaron en 2004 y 2023 tenían al menos 60 kilómetros de ancho.
Esto es más de cuatro veces el tamaño del asteroide que causó la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años. Objetos de esta escala se conocen como planetesimales, similares en tamaño a muchos asteroides y cometas de nuestro sistema solar.
Implicaciones para la formación planetaria
La detección de dos eventos tan significativos en un período tan corto es sorprendente. Se creía que las colisiones masivas solo ocurrían una vez cada 100.000 años durante la formación planetaria, pero Fomalhaut sugiere una frecuencia mayor.
Kalas señaló que «Fomalhaut es mucho más joven que el sistema solar, pero cuando nuestro sistema solar tenía 440 millones de años, estaba sembrado de planetesimales chocando entre sí». Presenciar estas colisiones ofrece una ventana al pasado violento de nuestro propio sistema.
El sistema Fomalhaut se convierte así en un laboratorio invaluable para comprender cómo los planetesimales interactúan y colisionan, un proceso fundamental en la arquitectura de los sistemas planetarios. Estos eventos directos nos brindan una perspectiva única sobre la dinámica caótica y creativa que da origen a los mundos que conocemos.









