La exposición CES 2026 mostró una oleada de gadgets de salud con IA, desde básculas inteligentes que monitorean el corazón hasta rastreadores hormonales, generando entusiasmo y preocupación. Expertos en tecnología y salud cuestionan la precisión de estos dispositivos y alertan sobre serios problemas de privacidad de datos, especialmente ante una flexibilización regulatoria federal.
Esta inquietud se acentúa tras el anuncio de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de relajar las normativas para productos de bienestar general de «bajo riesgo», como monitores cardíacos. Esta medida, junto con la revocación de órdenes ejecutivas previas, busca eliminar barreras para la innovación en IA, pero deja un vacío en la protección del consumidor.
Aunque la tecnología de IA ofrece beneficios significativos en la industria de la salud, valorada en más de 4.3 billones de dólares, sus riesgos no pueden ignorarse. Marschall Runge, profesor de ciencias médicas en la Universidad de Michigan, señala que, si bien la IA es excelente para analizar imágenes médicas, también puede inducir sesgos y «alucinar», proporcionando información incorrecta como si fuera un hecho.
La dualidad de la innovación y la privacidad de datos
Los creadores de estos dispositivos argumentan que sus innovaciones llenan vacíos cruciales en la atención médica, desde el apoyo en áreas rurales con escasez de médicos hasta la investigación en salud femenina. Por ejemplo, Sylvia Kang, fundadora de Mira, desarrolló un rastreador hormonal para ayudar a las mujeres a comprender su salud hormonal, una necesidad desatendida.
Sin embargo, la directora ejecutiva de Electronic Frontier Foundation, Cindy Cohn, enfatiza que las protecciones de privacidad como la Ley de Portabilidad y Responsabilidad del Seguro Médico (HIPAA) no cubren los datos recopilados por dispositivos de consumo. Esto significa que las empresas podrían usar esta información para entrenar sus modelos de IA o incluso venderla a terceros.
Cohn advierte sobre la dificultad de rastrear el destino de la información personal con muchos gadgets presentados en el CES. «Hay que buscar en la letra pequeña para intentar averiguarlo, y no creo que eso sea justo ni correcto para las personas que podrían depender de ello», afirmó, según reportó Fast Company.
Precisión y la promesa de accesibilidad
La precisión de estos gadgets de salud con IA es otro punto de contención. Aunque dispositivos como Peri, que monitorea la perimenopausia, prometen datos útiles, los expertos insisten en que no deben reemplazar el juicio médico profesional. «Instaría a la gente a no pensar que la tecnología es lo mismo que un profesional médico bien capacitado y reflexivo», dijo Cohn.
Algunos productos, como el chatbot médico 0xmd de Allen Au, buscan mejorar el acceso a la información médica en zonas con escasez de doctores, ofreciendo una alternativa rentable. Permite hacer preguntas, subir fotos de afecciones cutáneas e incluso traducir notas médicas, pero sus creadores reconocen que no reemplazará a los médicos, sino que ofrecerá una segunda opinión.
La proliferación de estas herramientas, incluyendo el lanzamiento de ChatGPT Health por OpenAI, subraya la necesidad de una evaluación crítica. Cohn mantiene su escepticismo sobre la tecnología de consumo, indicando que, si bien pueden ayudar a las personas a formular las preguntas adecuadas a sus médicos, no son un sustituto. «La gente necesita recordar que estas son solo herramientas; no son oráculos que entregan verdades», concluyó.
El auge de los gadgets de salud con IA en eventos como el CES 2026 representa una frontera de innovación con un potencial transformador. Sin embargo, la balanza entre la conveniencia tecnológica y la seguridad del paciente, junto con la privacidad de sus datos, exige una atención rigurosa. A medida que la regulación se adapta, la responsabilidad recae tanto en los desarrolladores como en los consumidores para discernir el valor real y los riesgos inherentes de estas herramientas.












