Hooded Horse, el editor detrás del aclamado título Manor Lords, ha adoptado una postura firme: no colaborará con estudios que empleen IA generativa en juegos. Esta decisión, que impacta directamente en sus contratos de publicación, busca evitar que cualquier activo creado por inteligencia artificial, incluso los provisionales, se filtre en los productos finales, según declaraciones recientes de la compañía.

Tim Bender, CEO de Hooded Horse, explicó a Kotaku que la tecnología ha complicado significativamente sus operaciones, llegando a calificarla de «cancerosa» por el riesgo de que los elementos generados por IA no se reemplacen adecuadamente. Este enfoque subraya una creciente preocupación sobre la integridad y la autoría en la producción de videojuegos, un debate que se intensifica en toda la industria.

La preocupación principal de Hooded Horse radica en el potencial de que los activos generados por IA, incluso si se pretenden usar como marcadores de posición, terminen en el juego final. Bender enfatiza que basta con un solo elemento para comprometer la calidad y la autoría, lo que les obliga a una vigilancia constante. Este escenario ya se ha manifestado en proyectos como Clair Obscur: Expedition 33, donde se detectaron fallos similares.

Los desafíos de la IA generativa en el desarrollo

La postura de Hooded Horse refleja una división profunda dentro de la industria del videojuego. Mientras algunas empresas como Nexon, matriz de Embark Studios (creadores de Arc Raiders que usa IA para voces), adoptan la tecnología, otras como Sega buscan eficiencia sin reemplazar roles humanos. Phil Rogers, CEO de Embracer Group, ve la IA como una herramienta poderosa, pero insiste en la autoría humana. Incluso Dan Houser, veterano de Rockstar, la utiliza con cautela, afirmando que su utilidad aún no es la que muchos creen.

El actor de voz Troy Baker, por su parte, ha instado a no «demonizar» la IA, argumentando que no puede crear arte por sí misma. Sin embargo, Charles Cecil de Revolution Software describió el uso de IA en un remake de Broken Sword como un «error costoso». Estas experiencias variadas ilustran la complejidad de integrar la IA generativa en juegos de manera efectiva y ética. Además, la Oficina de Derechos de Autor de EE. UU. ha dictaminado que el arte generado por IA sin «creatividad» humana no puede protegerse con derechos de autor, un aspecto crucial para la propiedad intelectual.

Implicaciones para la industria y la propiedad intelectual

La decisión de Hooded Horse tiene ramificaciones importantes para el futuro del desarrollo de videojuegos. Al exigir a sus socios que se abstengan de usar IA generativa en juegos, la editorial establece un precedente que podría influir en otros actores del mercado. Esta política se alinea con iniciativas como la de Steam, que etiqueta los juegos que utilizan IA, una práctica que Tim Sweeney de Epic Games ha criticado por considerarla sin sentido.

El debate sobre la IA generativa no es solo tecnológico, sino también ético y legal. La preocupación por el «slop de IA», como lo describió el especialista en datos y profesor de NYU Joost van Dreunen en una entrevista con GamesIndustry.biz a principios de esta semana, sugiere que hay una resistencia del público y de la industria a contenidos que carecen de la impronta creativa humana. La postura de Hooded Horse es un claro indicio de que, para algunos, la autenticidad y la autoría prevalecen sobre la eficiencia a toda costa.

En última instancia, la política de Hooded Horse destaca la tensión entre la innovación tecnológica y la preservación de los valores artísticos y de propiedad intelectual. A medida que la IA generativa continúa evolucionando, la industria del videojuego seguirá enfrentándose a estas difíciles decisiones, buscando un equilibrio que beneficie tanto a los creadores como a los jugadores, sin comprometer la originalidad.