Una nueva investigación revela que los incendios forestales emiten una cantidad de gases contaminantes al aire significativamente mayor de lo que se estimaba, con impactos duraderos en la calidad del aire y la salud. Científicos de la American Chemical Society, citados por ScienceDaily.com en enero de 2026, advierten que estas emisiones ocultas se transforman en partículas finas peligrosas. La magnitud de esta contaminación rivaliza con la generada por actividades humanas en varias partes del mundo.

Cada año, vastas extensiones de vegetación arden, liberando una compleja mezcla de vapor de agua, cenizas y químicos a la atmósfera. Gran parte de la atención se ha centrado en los compuestos orgánicos volátiles (COV), pero el estudio destaca una categoría menos visible: los compuestos orgánicos intermedios y semivolátiles (COIV y COSIV). Estos compuestos son particularmente problemáticos porque, una vez en el aire, se transforman con mayor facilidad en partículas finas, las cuales son especialmente dañinas para el sistema respiratorio humano.

La dificultad para medir estos COIV y COSIV, debido a su gran número y complejidad química, ha llevado a que muchas evaluaciones anteriores los omitieran. Esta omisión generó una subestimación crítica del verdadero impacto de la contaminación por incendios forestales, con consecuencias significativas para la formulación de políticas climáticas y de salud pública. Entender la totalidad de estas emisiones es crucial para abordar el problema.

La magnitud oculta de la contaminación por incendios

El estudio, publicado en ACS’ Environmental Science & Technology, eleva las estimaciones de emisiones de compuestos orgánicos de incendios forestales en un 21%. Este incremento no es menor; representa millones de toneladas adicionales de contaminantes que antes no se contabilizaban. Lyuyin Huang, primera autora del estudio, destaca que este nuevo inventario sienta las bases para modelados más precisos de la calidad del aire, evaluaciones de riesgos para la salud y análisis de políticas climáticas.

La investigación, liderada por Shuxiao Wang, analizó una base de datos global de tierras quemadas entre 1997 y 2023. Al incluir los COIV y COSIV, los científicos calcularon que los incendios forestales liberaron un promedio anual de 143 millones de toneladas de compuestos orgánicos en el aire durante este periodo. Este dato subraya que la contribución de los incendios a la contaminación por incendios forestales es mucho más relevante de lo que se había reconocido.

Puntos críticos de emisión: un desafío global

Al comparar las emisiones de incendios con las de actividades humanas, el estudio encontró que, aunque las fuentes humanas producen más compuestos en general, ambos orígenes liberan cantidades similares de COIV y COSIV. Esta similitud es un hallazgo clave, ya que revela la complejidad de la calidad del aire en ciertas regiones. Se identificaron puntos críticos compartidos donde la contaminación por incendios forestales se solapa con la generada por la industria y el transporte.

Regiones como Asia Ecuatorial, el norte de África y el sudeste asiático enfrentan desafíos particularmente complejos. En estas zonas, la contaminación atmosférica requiere estrategias diferenciadas que aborden tanto las emisiones de los incendios como las de las actividades antropogénicas. La persistencia del humo y el empeoramiento de la calidad del aire mucho después de que las llamas se apagan evidencian la necesidad de una comprensión integral de estos fenómenos.

La revelación de que los incendios forestales son una fuente mucho más potente de contaminación atmosférica de lo que se pensaba exige una reevaluación urgente de las estrategias globales de gestión ambiental. Más allá del daño inmediato, la amenaza a largo plazo para la salud pública y el clima es inmensa. Es imperativo que la ciencia y la política trabajen de la mano para desarrollar modelos predictivos más precisos y políticas de mitigación que consideren la totalidad de estos compuestos invisibles.