Estados Unidos y China, las dos economías más grandes del mundo, intensifican su carrera por la supremacía tecnológica, impulsada por inversiones sin precedentes. Esta búsqueda colisiona con otros objetivos económicos fundamentales, como la reducción de la inflación y la estabilidad financiera, dejando a ambas naciones expuestas a presiones internas y repercusiones globales, según un análisis de Project Syndicate.
Durante el último año, ambas potencias han consolidado su posición dominante, a menudo a expensas de otras regiones. Su crecimiento ha persistido a pesar de las interrupciones y la volatilidad que caracterizan el actual desorden internacional, un escenario que tanto el expresidente estadounidense Donald Trump como el presidente chino Xi Jinping han alimentado activamente. La magnitud de estas inversiones sugiere un enfoque prioritario en la autosuficiencia tecnológica y la seguridad nacional.
Esta dinámica no solo redefine el panorama geopolítico, sino que también ejerce una presión considerable sobre los mercados globales. La competencia por recursos clave y el capital de inversión podría desestabilizar cadenas de suministro y mercados financieros, afectando la recuperación económica post-pandemia a nivel mundial. El ritmo actual de la carrera de inversiones EE.UU. China es insostenible a largo plazo, advierten expertos.
Riesgos de la escalada inversora global
La búsqueda implacable de la supremacía tecnológica, aunque estratégica, conlleva riesgos significativos. En un contexto de inflación persistente, las inyecciones masivas de capital en sectores clave pueden exacerbar las presiones sobre los precios. Un informe del Fondo Monetario Internacional de octubre de 2023 destacó que las tensiones geopolíticas y la fragmentación económica son factores que impulsan la inflación global y reducen la productividad a largo plazo. Esta carrera podría intensificar esos efectos.
Además, la estabilidad financiera se ve comprometida. La asignación de grandes volúmenes de capital a proyectos de alto riesgo en tecnologías emergentes, a menudo con apoyo estatal, puede generar burbujas de activos o desequilibrios estructurales. «La sobreinversión en ciertos sectores, impulsada por la competencia geopolítica, puede llevar a una asignación ineficiente de recursos y a una capacidad excesiva que finalmente afecte la rentabilidad y la sostenibilidad», comentó un analista financiero en un seminario reciente.
Impacto en las economías domésticas y la estabilidad global
Las presiones internas en Estados Unidos y China son palpables. En el lado estadounidense, la política industrial de «reshoring» y la inversión en semiconductores buscan reducir la dependencia externa, pero a un costo considerable. Estas iniciativas pueden generar escasez de mano de obra cualificada y aumentar los costos de producción, impactando a los consumidores. La Reserva Federal ha mantenido una postura restrictiva para controlar la inflación, una tarea que se complica con el gasto público elevado.
En China, a pesar de un crecimiento robusto, la economía enfrenta desafíos como el envejecimiento demográfico y la necesidad de reequilibrar su modelo de crecimiento hacia el consumo interno. La inversión excesiva en infraestructura y tecnología, si bien fortalece su base industrial, también puede generar deuda y burbujas de activos. La estabilidad global depende en gran medida de que ambas potencias encuentren un equilibrio entre la competencia y la cooperación, evitando una escalada que perjudique a todos.
La actual carrera de inversiones entre las principales economías mundiales presenta un dilema complejo. Si bien la innovación tecnológica es crucial para el progreso, su búsqueda desenfrenada, sin considerar las implicaciones más amplias para la inflación y la estabilidad financiera, podría tener consecuencias adversas. Un enfoque más coordinado y una desaceleración en el ritmo de esta competencia podrían ser beneficiosos, permitiendo que ambas naciones y el resto del mundo persigan sus objetivos económicos de manera más sostenible y equilibrada.












