Seis años después del brote de COVID-19, la financiación pandémica para países de ingresos medios sigue siendo un desafío crítico. Estas naciones lucharon por invertir en vacunas y contramedidas médicas durante la crisis anterior, una lección que el mundo corre el riesgo de olvidar, según un análisis de Project Syndicate.
La amenaza de una nueva pandemia no ha desaparecido; estudios sugieren una probabilidad anual del 2-3% de un evento similar al COVID-19. Expertos estiman que futuras pandemias podrían costar más de 700 mil millones de dólares anuales en promedio, subrayando la urgencia de mecanismos financieros robustos.
Para evitar la repetición de errores pasados, los responsables políticos de estas economías emergentes deben exigir que los bancos de desarrollo multilateral (BDM) comprometan financiación de riesgo tan pronto como surja el próximo brote. Esta medida proactiva es fundamental para una respuesta global equitativa y efectiva.
El papel crucial de los bancos de desarrollo multilateral
Los bancos de desarrollo multilateral, como el Banco Mundial o el Banco Asiático de Desarrollo, tienen la capacidad única de movilizar recursos a gran escala y con condiciones favorables. Sin embargo, su respuesta durante la pandemia de COVID-19 a menudo llegó tarde o fue insuficiente para las necesidades inmediatas de los países de ingresos medios.
Masyita Crystallin y Rachel Glennerster, en su análisis para Project Syndicate, destacan la necesidad de que estos BDM se comprometan a una financiación ágil y anticipada. Esto implica establecer marcos que permitan desembolsos rápidos sin la burocracia habitual, reconociendo la velocidad con la que se propagan las crisis sanitarias.
Un mecanismo de financiación de riesgo significaría que los fondos estarían disponibles antes de que una pandemia alcance su punto álgido, permitiendo a los países adquirir rápidamente vacunas, equipos de protección personal y fortalecer sus sistemas de salud. Es una inversión preventiva que podría salvar vidas y economías.
Superando obstáculos en la preparación pandémica
La implementación de estos mecanismos enfrenta desafíos, desde la voluntad política hasta la estructura de gobernanza de los propios BDM. Es vital que los países de ingresos medios articulen sus demandas colectivamente, usando su influencia para impulsar cambios en las políticas de financiación global.
La experiencia del COVID-19 demostró que la inacción temprana tiene costos exponenciales. Un estudio de la Universidad de Oxford, por ejemplo, estimó que el retraso en la vacunación costó miles de millones de dólares en pérdidas económicas y millones de vidas. La preparación, por tanto, no es un lujo, sino una necesidad económica y humanitaria.
Esto también implica fortalecer las capacidades locales para la investigación y producción de contramedidas médicas, reduciendo la dependencia de cadenas de suministro globales volátiles. La Organización Panamericana de la Salud ha enfatizado la importancia de la autonomía regional en la respuesta a emergencias.
A medida que el mundo avanza, la memoria de la pandemia de COVID-19 debe servir como un catalizador para una mejor preparación. La creación de mecanismos de financiación de riesgo para países de ingresos medios no es solo una cuestión de equidad, sino una estrategia esencial para la seguridad sanitaria global. El futuro de la resiliencia pandémica depende de acciones decisivas hoy.












