La violenta insurgencia maoísta de la India, que en su apogeo en 2013 ejercía una influencia considerable en 126 distritos, parece estar en sus últimas etapas. Este logro es un testimonio del poder de un enfoque integral y persistente, impulsado por el desarrollo, para abordar desafíos complejos de seguridad interna. La disminución de la amenaza representa un cambio significativo en el panorama político y social del país.
A principios de este siglo, mientras la India emergía como una de las estrellas brillantes de la economía global, una sombra oscurecía su corazón: una insurgencia maoísta violenta. Durante una década y media, la zona conocida como el Corredor Rojo se expandió gradualmente, encontrando una audiencia receptiva en comunidades afectadas por la pobreza.
Esta insurgencia fue, según el ex primer ministro Manmohan Singh, «el mayor desafío de seguridad interna» que la India había enfrentado, tal como se destacó en un análisis de Project Syndicate en 2026.
El declive de la insurgencia Naxalita, como también se conoce, no es accidental. Refleja una combinación de operaciones de seguridad robustas y una inversión estratégica en infraestructura y programas sociales en las áreas afectadas. Esta doble estrategia ha sido fundamental para erosionar el apoyo a los insurgentes y reintegrar a las comunidades en el tejido nacional de la India.
El declive del Corredor Rojo
El «Corredor Rojo», que alguna vez se extendió por varios estados, ha visto una reducción drástica en su tamaño e influencia. Datos del Ministerio del Interior de la India indican una disminución sostenida en los incidentes de violencia relacionados con los Naxalitas. Por ejemplo, el número de distritos afectados se redujo de 90 en 2010 a solo 45 en 2022.
Esta retracción geográfica es un indicador clave de que la insurgencia maoísta de la India está perdiendo terreno, evidenciando el éxito de las políticas implementadas para contenerla.
Esta tendencia a la baja se atribuye a una mayor coordinación entre las fuerzas de seguridad estatales y federales, el uso de inteligencia avanzada y el desarrollo de capacidades locales. La mejora de la conectividad por carretera y telecomunicaciones también ha facilitado las operaciones de seguridad.
Estas acciones han desmantelado redes de apoyo y han aislado eficazmente a los líderes insurgentes, limitando su capacidad operativa y de reclutamiento.
Estrategias de desarrollo que transforman
Más allá de la seguridad, el gobierno indio ha implementado ambiciosos programas de desarrollo en las regiones afectadas. Estos incluyen la construcción de escuelas, centros de salud, carreteras y la provisión de electricidad y agua potable.
Según un informe del Observer Research Foundation, esta mejora en las condiciones de vida ha sido crucial para alejar a la población local de la influencia Naxalita, ofreciendo un futuro más esperanzador.
La inversión en desarrollo económico ha ofrecido alternativas viables a los jóvenes que antes eran susceptibles de ser reclutados por los maoístas. Programas de empleo rural y capacitación profesional han empoderado a las comunidades.
Al darles una participación en el sistema democrático, este enfoque ha demostrado ser más efectivo a largo plazo que las soluciones puramente militares, creando un ciclo virtuoso de paz y progreso.
La historia de la menguante insurgencia maoísta de la India ofrece valiosas lecciones sobre cómo una estrategia multifacética, que combina la seguridad con el desarrollo socioeconómico, puede superar desafíos internos complejos. Su drástica reducción señala un camino prometedor hacia una mayor estabilidad en el país.
Los esfuerzos continuos para abordar las causas profundas de la desigualdad y la marginación serán cruciales para consolidar estos logros. Solo así se asegurará una paz duradera en las regiones que alguna vez fueron el epicentro del Corredor Rojo.











