La intervención de Estados Unidos en Venezuela, marcada por claras violaciones al derecho internacional, ha generado una profunda incertidumbre global y un palpable temor entre los aliados tradicionales de Washington. Esta acción, que desafía normas establecidas, sugiere un cambio fundamental en la política exterior del país, con implicaciones de largo alcance para el orden mundial.
Desde la crítica de Joseph E. Stiglitz en Project Syndicate en enero de 2026, se ha enfatizado que estas maniobras no auguran un buen futuro, ni para Estados Unidos ni para el resto del mundo. La administración ha mostrado un desdén por las convenciones diplomáticas y ha lanzado amenazas directas a naciones aliadas como Dinamarca y Canadá, redefiniendo la dinámica internacional de manera unilateral.
Este comportamiento agresivo no solo desestabiliza regiones, sino que también erosiona la confianza en las instituciones globales diseñadas para mantener la paz y la cooperación. Los efectos de esta postura se extienden más allá de las fronteras inmediatas, planteando serias preguntas sobre la estabilidad futura y el papel de las superpotencias en un mundo interconectado.
Violaciones al derecho internacional y sus repercusiones
Las acciones de Estados Unidos en Venezuela han sido ampliamente condenadas por expertos y organismos internacionales como una transgresión directa del derecho internacional. La Carta de las Naciones Unidas, por ejemplo, prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.
Según un informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de 2025, las medidas coercitivas unilaterales aplicadas por Washington exacerban las crisis humanitarias y socavan la soberanía. Esta postura pone en jaque la credibilidad de Estados Unidos como defensor del orden basado en reglas, una base clave de su influencia global.
Históricamente, el respeto al derecho internacional ha sido un pilar de la política exterior estadounidense, aunque con excepciones. Sin embargo, la reciente escalada en Venezuela y otras regiones, como documenta la Revista de Estudios Internacionales en su edición de 2024, muestra una tendencia preocupante hacia la unilateralidad y la imposición de su voluntad.
El costo para los aliados y el orden global
La estrategia del «imperio estadounidense» no solo afecta a los países directamente intervenidos, sino que también genera una profunda preocupación entre sus aliados tradicionales. Países como Canadá y Dinamarca han expresado su incomodidad ante las amenazas y la falta de consulta, lo que debilita alianzas forjadas durante décadas.
La confianza mutua es fundamental en las relaciones internacionales, y las acciones unilaterales de Washington la erosionan, como señala un análisis del Council on Foreign Relations de 2025. Los aliados se ven obligados a reevaluar sus propias políticas exteriores y a buscar nuevas formas de proteger sus intereses en un panorama global cada vez más impredecible.
Esta dinámica podría llevar a una fragmentación del orden internacional y a la emergencia de nuevos bloques de poder, con consecuencias imprevisibles para la estabilidad económica y política global. La deslegitimación de las instituciones multilaterales es un riesgo palpable, afectando desde el comercio hasta la seguridad colectiva.
La nueva era de la política exterior estadounidense, caracterizada por la imposición y el desprecio por las normas, presenta un desafío monumental. El futuro dirá si el costo de este enfoque unilateral compensa los beneficios percibidos, o si, como advierte Stiglitz, solo conducirá a un escenario de mayor inestabilidad y aislamiento para todos los involucrados.












