Nuevas investigaciones sugieren que los componentes esenciales para la vida, como los precursores de proteínas, pueden formarse en la inmensidad del espacio interestelar, mucho antes de que existan planetas. Científicos de la Universidad de Aarhus y HUN-REN Atomki han recreado condiciones extremas para demostrar que la química de la vida en el espacio es posible, desafiando viejas teorías sobre su origen.

Por décadas, se asumió que las moléculas complejas, fundamentales para la biología, solo surgían en discos protoplanetarios o en cuerpos celestes ya formados. Este hallazgo, detallado en un informe reciente de ScienceDaily.com, revoluciona nuestra comprensión de la astrobiología y el origen de los componentes vitales.

Liderados por los investigadores Sergio Ioppolo y Alfred Thomas Hopkinson, los equipos exploraron cómo las condiciones gélidas y la radiación cósmica en las nubes de polvo interestelar podrían catalizar reacciones bioquímicas. Este cambio de paradigma sugiere que los «ladrillos» de la vida están mucho más extendidos de lo que se pensaba inicialmente en el universo.

Recreando el cosmos en un laboratorio

Dentro de una cámara especialmente diseñada, los científicos simularon el ambiente hostil de las vastas nubes de polvo cósmico, ubicadas a miles de años luz de la Tierra. Estas regiones se encuentran entre los lugares más fríos y vacíos del cosmos, con temperaturas que rondan los -260°C y presiones ultra-bajas, que exigen la eliminación constante de partículas de gas.

Bajo estas condiciones cuidadosamente controladas, el equipo estudió cómo las partículas reaccionan al ser expuestas a radiación, imitando fielmente lo que ocurre en el espacio interestelar real. «Ya sabemos por experimentos anteriores que los aminoácidos simples, como la glicina, se forman en el espacio interestelar», explicó Sergio Ioppolo.

Ioppolo añadió que su interés radicaba en «descubrir si moléculas más complejas, como los péptidos, se forman naturalmente en la superficie de los granos de polvo antes de que participen en la formación de estrellas y planetas». Los péptidos son cadenas cortas de aminoácidos, y cuando muchos de ellos se unen, forman proteínas, esenciales para la vida.

Para probar este proceso, los investigadores colocaron glicina dentro de la cámara y la expusieron a rayos cósmicos simulados utilizando un acelerador de iones en HUN-REN Atomki. «Vimos que las moléculas de glicina empezaron a reaccionar entre sí para formar péptidos y agua», afirmó Alfred Thomas Hopkinson.

Este resultado, según Hopkinson, «indica que el mismo proceso ocurre en el espacio interestelar. Esto es un paso hacia la creación de proteínas en partículas de polvo, los mismos materiales que más tarde forman los planetas rocosos». Este descubrimiento fundamental abre nuevas vías para entender la química de la vida en el espacio.

Implicaciones para la vida más allá de la Tierra

Las nubes de polvo interestelar son las «fábricas» donde nacen nuevos sistemas solares. A medida que estas nubes colapsan, dan origen a estrellas y planetas. Durante este proceso, los pequeños «ladrillos» químicos pueden ser entregados a los mundos rocosos recién formados. Este mecanismo de entrega cósmica es crucial para la astrobiología.

«Eventualmente, estas nubes de gas colapsan en estrellas y planetas. Poco a poco, estos pequeños bloques de construcción aterrizan en planetas rocosos dentro de un sistema solar recién formado», comentó Sergio Ioppolo. «Si esos planetas se encuentran en la zona habitable, existe una probabilidad real de que la vida pueda surgir».

Aunque no se sabe con exactitud cómo comenzó la vida, esta investigación ofrece una pieza fundamental del rompecabezas. Demuestra que muchas de las moléculas complejas necesarias para la vida se crean de forma natural en el espacio, mucho antes de que existan condiciones planetarias. Esto refuerza la idea de que los ingredientes para la vida son universales.

Este avance científico, impulsado por instituciones como la Universidad de Aarhus y HUN-REN Atomki, cambia la perspectiva sobre la distribución de la materia orgánica compleja. La astrobiología de la NASA y estudios en revistas como Nature continúan explorando estas posibilidades.

Este avance no resuelve el misterio del origen de la vida, pero ofrece una pieza fundamental al mostrar que el universo es una fábrica química activa, preparando los ingredientes mucho antes de que se formen los mundos. La próxima vez que miremos las estrellas, recordaremos que la vida, o al menos sus cimientos, podría estar germinando en su oscuridad.