La economía mundial se encuentra en una encrucijada, donde la antigua era de la hiperglobalización cede paso a un nuevo paradigma. Este cambio profundo exige soluciones innovadoras, y un reciente análisis de Gordon Hanson, Dani Rodrik y Rohan Sandhu en Project Syndicate subraya una verdad fundamental: la transformación económica global será local. Los desafíos del cambio climático y la resiliencia económica demandan una acción estatal efectiva, liderada principalmente por gobiernos subnacionales.

Esta perspectiva emerge en un momento crítico, con las clases medias globales bajo presión y la reducción de la pobreza en países en desarrollo enfrentando nuevos obstáculos. La necesidad de generar empleos de calidad y estimular la innovación se entrelaza con la urgencia de construir economías más resilientes frente a choques externos y transiciones estructurales.

El viraje hacia políticas centradas en el ámbito local no es una mera preferencia, sino una respuesta pragmática a la complejidad de los retos contemporáneos. Los grandes marcos globales, si bien necesarios, a menudo no logran capturar las particularidades y dinámicas que definen el desarrollo económico en cada comunidad.

El repliegue de la hiperglobalización y el imperativo climático

La era de la hiperglobalización, caracterizada por cadenas de suministro extensas y una interdependencia comercial sin precedentes, muestra signos de retroceso. Las tensiones geopolíticas, las pandemias y la búsqueda de mayor seguridad en el suministro han impulsado a las naciones a reevaluar sus estrategias, favoreciendo a menudo la producción y el consumo interno. Un informe del Banco Mundial de 2023 destacó cómo las interrupciones en el comercio global impactan desproporcionadamente a las economías locales, evidenciando la fragilidad del modelo anterior.

Paralelamente, la transición climática se erige como el desafío definitorio de nuestra generación. Adaptarse a sus efectos y mitigar su avance requiere transformaciones profundas en energía, transporte e industria. Estas no pueden implementarse de manera efectiva sin una comprensión detallada de los recursos, capacidades y necesidades específicas de cada región.

La acción subnacional como motor de cambio

En este escenario, la capacidad de los gobiernos subnacionales para liderar la transformación económica local se vuelve insustituible. Son ellos quienes poseen el conocimiento más cercano de las fuerzas laborales, las infraestructuras existentes y el tejido empresarial de sus territorios. Esta proximidad permite diseñar políticas más ágiles y adaptadas, fomentando la innovación y la creación de empleos dignos.

Ejemplos recientes, como la inversión en energías renovables a nivel municipal en España o los programas de reconversión industrial liderados por estados en Alemania, demuestran la eficacia de esta aproximación. Según un estudio de la OCDE sobre desarrollo regional de 2024, las regiones con mayor autonomía y capacidad de inversión local muestran tasas superiores de crecimiento del empleo y resiliencia ante crisis económicas.

La coordinación entre distintos niveles de gobierno, desde el nacional hasta el local, se presenta como un factor crítico. No se trata de aislar las economías locales, sino de empoderarlas para que contribuyan de forma más efectiva a los objetivos macroeconómicos y sociales. La capacidad de los municipios y regiones para atraer inversiones y retener talento es fundamental para este nuevo modelo.

La visión de que la transformación económica global será local, articulada por expertos como Hanson, Rodrik y Sandhu, representa un cambio de enfoque vital. Reconoce que los grandes desafíos del siglo XXI, desde el clima hasta la desigualdad, encuentran sus soluciones más efectivas en la acción concertada y contextualizada a nivel de comunidad. El futuro de la prosperidad global dependerá, en gran medida, de la fortaleza y adaptabilidad de sus componentes más pequeños.